DE FANTASMAS, ROBOTS Y FIRMAS VACÍAS

Los escritores fantasmas han existido desde la invención de la escritura como forma de comunicación. El auxilio de estos, empuñando una pluma invisible detrás de discursos, reportes, y hasta obras literarias, se encuentra claramente reseñado desde los tiempos de la antigüedad clásica en que Cicerón utilizaba a sus secretarios, esclavos griegos en la gran mayoría, para terminar y pulir sus famosos discursos. Y, en la generalidad, la existencia de estas manos anónimas que empuñan las letras y traducen las voces de otros, ha servido como un canal en el cual el creador y el productor participan de una relación social de articulación lingüística que produce resultados que van desde lo cotidiano, hasta lo sublime.

Recuerdo cuando, en los albores de la juventud, mis compañeros acudían a mí para que les redactara los poemas que en sus nombres propiciarían el enamoramiento de quienes le habían robado el corazón. Para esto, conversábamos sobre quién les provocaba palpitaciones, y les robaba el sueño, sobre cuáles eran los atributos más relevantes al momento de cerrar los ojos y dejarse arrastrar por la brava mar del amor en proceso de nacimiento. Así íbamos construyendo, juntos, ellos con su amor y yo con mis palabras, las suaves y breves escaleras que debían permitirles llegar al balcón de sus soñados amores.

Todo buen escritor anónimo debe de tener primero un fino conocimiento de la forma de expresión de la persona a quien le escribe, de sus entonaciones, de su forma de expresarse, del mensaje que aquel quiere que sea transmitido. Debe de haber estudiado, leído, acompañado, hasta el punto en que la voz de uno y otro sea indistinta. Es, idealmente, el espíritu del creador el que guía la mano del productor, siendo este último nada más que el ensamblador del andamiaje lingüístico que sustenta la idea, la visión de aquel que es quien, a falta de tiempo o talento, requiere los servicios y el apoyo del escritor anónimo.

Durante siglos esto ha funcionado, y la diferencia en calidad, impacto y vigencia ha sido solo causada por las naturales variables humanas entre aquellos que carecen de visión, y aquellos que carecen de las herramientas para crear el susodicho andamiaje. Esto es evidente entre la baja calidad, de fondo o forma, de la mayoría de los medios en los cuales aquellos que carecen de qué decir, alquilan la mano torpe de aquellos que no saben cómo decirlo.

Hoy, con el avenimiento de las mal llamadas herramientas de inteligencia artificial (IA), nos vemos inundados por discursos, presentaciones, correos, informes y artículos de periódicos en los cuales personas muy reconocidas, se han dejado llevar al matadero de la mediocridad lingüística por aquellos que les han prometido oro, para luego entregarles cobre pintado. Así podemos encontrarnos con artículos de periódicos, o post de redes, que cuentan con la evidente formulación de enunciados característicos de las IA, demostrando una falta tanto de revisión, como de conocimiento del valor intrínseco del lenguaje como un mecanismo no solo de comunicación de ideas, sino también de transformación de la realidad.

Y ojo, que el uso de herramientas tecnológicas para el proceso de edición y revisión de escritos es tan válido como la persona que hace la supervisión posterior. El gran problema se da cuando permitimos que aquellos que han adquirido el mandato popular, que son tomadores de decisiones, aquellos que son formadores de opinión pública y que influyen en la construcción del mañana, delegan con ojos ciegos a una herramienta torpe y repetitiva la creación de la estructura sobre la cual quieren sostener sus propuestas de un futuro mejor. El pecado del uso de las herramientas de IA es, sobre todo, la insolente torpeza con que son utilizadas. La desvergüenza, francamente insultante, con que permiten que sea puesto su nombre sobre una pieza escrita por un loro cibernético que no hace más que repetir, bajo fórmulas evidentes, lo que el usuario quiere escuchar.

Podemos ir detectando lentamente un cambio en todo el proceso de redacción. El elemento más fácil de reconocer es la organización de un texto alrededor de una estructura de antítesis definitoria, como por ejemplo: “no es una opción. Es la solución”, o “no es una batalla. Es la guerra”, “no es una pena, es una vergüenza”, en fin cualquier estructura enunciativa de “No es X, es Y” tiene una alta probabilidad de haber sido creada por IA. Por otro lado, podemos ver la falta de especificidad y profundidad en frases como: “más que una decisión, es una declaración de intenciones”, “no es un simple paso, es un punto de inflexión”; estas indican una respuesta genérica a instrucciones poco elaboradas y con poca atención al detalle. Una inversión en el uso de la herramienta, esta deja de ser un instrumento de edición para convertirse en el generador del producto final. 

Este es el gran problema que se nos derrama encima. Y si esto es lo que podemos ver en público, hiela la sangre el pensar todo aquello que está alimentando a los tomadores de decisiones, públicos o privados, que no es más que la expulsión automática de una IA diseñada para resumir, para agradar, para dar la razón de manera sicofántica al recibir unas menudas instrucciones. Porque al final, como con cualquier herramienta, artesanal o cibernética, la fuerza y la calidad de la herramienta siempre estará limitada por la mano que la empuñe. Y mientras las arterias que alimentan los procesos de toma de decisión se abruman por toda la basura generada por algunas vagas y torpes solicitudes, en público podemos ver la muerte del arte de la escritura fantasma.

El peligro, detrás de todo esto, es la delegación de la creación del mundo a estas herramientas. Las palabras tienen el poder de crear la realidad, de transformarla, pero también de pervertirla. Cuando lo que producimos y lo que consumimos no es más que el producto de una IA, nuestra realidad se volverá lentamente tan artificial como estas. Si quienes toman las decisiones, quienes articulan los procesos de generación de riqueza, de administración de la cosa pública, quienes están encargados de moldear las mentes del futuro, se encuentran atrapados en una espiral descendente de mediocridad asistida, nos enfrentamos a un futuro donde nuestra realidad estará condicionada por el resultado presentado por un fantasma artificial.


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