Al OTRO LADO DE LA TORMENTA DEL RADICALISMO

En el corazón de cada nación yacen las ascuas silentes de la devastadora tormenta del radicalismo. Esta tormenta, en su mayor medida, se encuentra contenida durante los periodos de gobierno liberales y republicanos, donde el consenso y la concesión permiten que las fuerzas opuestas de una nación se puedan condensar en gobiernos estables que navegan de manera mas que menos satisfactoria las trampas del ejercicio del poder. Pero en determinados momentos, el viento sopla de levante y aviva las exaltaciones violentas del radicalismo, creando dos tormentas idénticas y opuestas que amenazan con arrasar hasta los cimientos el endeble edificio de la existencia civilizada que tanto esfuerzo ha costado construir.

En algunas ocasiones estas tormentas son avivadas por individuos, que a falta de mejores mecanismos para canalizar preocupaciones y demandas legítimas se arropan en la arrogancia de todo mesianismo pastoral, causando nada más que destrucción a su paso. En otros, son respuestas a momentos históricos donde la decadencia del estado de las cosas ha llegado a tal punto, que la única solución visible es que, parafraseando a Lampedusa, cambien las cosas para que puedan continuar siendo iguales.

Pero, lo que sin duda es evidente en cada uno de estos momentos es que, ante el surgimiento de un proceso de radicalismo ideológico, mal concebido y peor ejecutado, surge su antítesis en el otro extremo del espectro. Así mientras unos pueden clamar por la destrucción de un pilar, los otros lucharán igualmente enrojecidos por el fortalecimiento de este, socavando a partes iguales los cimientos de la civilización y el contrato social. Obviando enteramente que este se fundamenta en la concordia, el entendimiento y la conciliación de las diferentes fuerzas que halan, a partes iguales, hacia la protección de sus intereses.

En el momento en que los radicales salen de las periferias, e inicia el proceso devolutivo de la lucha violenta entre los extremos, el corazón de la nación se encuentra ya herido de muerte. Es por tanto, que aquellas naciones que mejor han logrado sortear el surgimiento y deceso de estos momentos extremistas, son aquellas naciones que más han logrado avanzar en el largo y tortuoso camino de la construcción de un Estado que pueda permanecer lo más posible en el tiempo, satisfaciendo las necesidades de sus varios grupos de intereses, y proveyendo las condiciones para que los individuos puedan desarrollarse de manera plena y puedan perseguir honestamente la consecución de los beneficios que les provee la libertad.

Como ejemplos podemos recordar a los Populares, lidereados por los Graco, y sus luchas contra los Optimates, las cuales iniciaron el proceso de descomposición institucional y cívica que llevó a la caída de la República de Roma y a las guerras civiles que le sucedieron. Así mismo podemos mencionar las violentas luchas entre los extremistas Jacobinos y Girondinos las cuales dieron paso al Reino de Terror y que como consecuencia pavimentaron con sangre el camino a la auto coronación del “emperador” Bonaparte. En un contexto más local recordemos cómo las rábidas contiendas entre Jimenistas y Horacistas, dieron paso a la serie de consecuencias que en primera instancia suspendieron la soberanía dominicana y que más adelante encumbraron al tirano Rafael Trujillo.

De las luchas tribales de los reaccionarios solo surge el caos, la tiranía y la descomposición de los principios republicanos liberales que permiten que la sociedad pueda desarrollarse y avanzar. Los extremismos, las visiones maniqueas de únicas vías, y los radicalismos de “izquierdas” o “derechas”, permanecen como ejemplos históricos de estulticia amplificada e infundado mesianismo; surgido, hoy en día, de una desproporcionada valoración de la verdad de los argumentos propios, cacareados en una caja de resonancia digital. Lo que en su día fueron los discursos en el Foro, L’Ami du peuple, o Vanguardia del Pueblo; hoy lo son los hilos en Twitter, los posts en Instagram, o los podcasts cacofónicos. Espacios todos de virulencia, resonancia y autosatisfacción pseudointelectual para extremistas que solo conocen la violencia como forma de construir o deconstruir argumentos.

Solo a través de la concordia que surge por medio del consenso de las diferentes fuerzas de una nación, puede darse el ejercicio de pluralidad en el cual se aprende a conceder lo poco para poder ganar la mucho, todo como un sacrificio que tenga como beneficio último el desarrollo y crecimiento de la nación. Solo en el fragor de la pluralidad, en el cual todos nos vemos como pares, entendemos que aun cuando las posiciones de los otros puedan estar equivocadas, esto no los reduce a entes viles carentes de dignidad humana. La libertad y la dignidad son atributos inherentes a todos los seres humanos, y por tanto no pueden ser suspendidos como forma de ganar un argumento ideológico.  

Es solo a partir de una visión liberal y republicana que se puede construir la estabilidad necesaria que permite que la sociedad avance, que los individuos se desarrollen y que podamos, real y efectivamente, vivir en libertad. No nos dejemos abrumar por la terrible amenaza del radicalismo destructor y opresor que, por medio de la deshumanización de los contrincantes y la exaltación de nuestros peores instintos tribales, le abre las puertas del infierno a los más terribles monstruos que son al final quienes heredan los desolados terrenos que quedan al otro lado de la tormenta.

ENTRE TAIWAN Y EL BORDE DEL PRECIPICIO

Cuando los Sistemas Internacionales colapsan, usualmente no lo hacen en silencio. La desarticulación del Sistema se ve acompañada de espasmos que durante décadas afectan a todos los actores, promoviendo la reorganización, caótica u organizada, del estatus quo internacional. En algunos casos esta reorganización da paso a potencias ascendentes a que asuman la primacía dentro del concierto de grandes potencias, en otros da paso a que aquellas potencias medianas, que en su momento se vieron contenidas, exploren los límites de la comunidad internacional para ver qué tan lejos ha llegado la desarticulación y qué tanto pueden ampliar su influencia regional. De cualquier forma, el proceso de transición es altamente peligroso, ya que cualquier pequeño e irrelevante conflicto puede sumir a todo el concierto de naciones en el caos total, como nos lo demostró, hace ya más de un siglo, la Primera Guerra Mundial.

En esta ocasión, los espasmos del sistema son una continuación del proceso que inició con la caída de las torres gemelas y la visión de túnel, en lo referente a su política internacional, de las administraciones estadounidenses de los últimos 20 años, quienes fallaron en comprender que la política internacional de una Superpotencia, es algo estatal, institucional que lleva tiempo definir y modificar y que para cambiar de curso se deben de dar pequeños movimientos del timón que a mediano y largo plazo generen un cambio de dirección que sea significativo y duradero. Pero siempre, sin perder de vista, la periferia y su importancia relativa.

Pero entre la somnolencia complaciente de una Europa que recién empieza a hacerse responsable de su propia existencia y la fracturación, cada vez más radicalizada, de los actores políticos internos de los Estados Unidos, Occidente se ha quedado sin una visión clara y cohesiva de ¿qué defiende?, ¿cómo lo defiende? y ¿dónde lo defiende? Dejando el tablero en un estado de confusión, en el cual aún existe una figura imponente innegable, pero donde otros ya han cruzado la línea del atrevimiento y han retornado a proposiciones de reajuste territorial no vistas en más de medio siglo.

Como ejemplo de estos espasmos tormentosos del Sistema, tenemos la reivindicación rusa sobre los terrenos ucranianos, la cual ha ido acompañada de una confusa visión que es en partes irredentista y en partes xenofóbica, pero que es en definitiva torpe y mal planificada. Ante esta desatinada incursión, Occidente ha actuado de manera clara, sancionando a la Federación Rusa y excluyéndola de los mercados internacionales, proveyendo de material bélico al pueblo ucraniano y expandiendo tanto los límites de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), como las inversiones en defensa de los países europeos que la componen.

Pero la invasión rusa a Ucrania es solo una parte del caos reinante. Desde Somalia hasta Haití, desde Irán hasta Venezuela, pequeños y medianos actores han sido los promotores o las victimas de procesos de desestabilización que han generado confusión sobre cómo actuar ante un mundo que no se encuentra tan convencido de las ventajas de la libertad, el libre mercado y la democracia como una vez nos hicieron pensar. 

Es en el marco de esta confusión que la presidenta de la Cámara de los Representantes de los Estados Unidos, la honorable Nancy Pelosi, decidió visitar la isla de Taiwán; avivando las tensiones latentes y empeorando de manera considerable las relaciones entre China y los Estados Unidos. Esto en un momento en el cual el foco de Occidente debería encontrarse, en su totalidad, en desarticular de manera categórica el intento ruso de cercenar la integridad territorial de Ucrania y garantizar el fortalecimiento de los lineamientos generales que impidan que ese tipo de acciones se puedan repetir.

En estos momentos, una escalada de tensiones solo sirve para poner a prueba los limites de una potencia que se encuentra dispersa, desgarrada y poco enfocada. Elevar las tensiones en Taiwán a conflicto armado, llevaría a Occidente a sacrificar todo lo que ha logrado conseguir en materia de integración, crecimiento y avances, para defender una inevitabilidad histórica cuya resolución ha de verse en el marco del compromiso mancomunado de los interesados, y no en la posibilidad de la barbarie que solo ha de generar destrucción.

Aun cuando Taiwán representa el 50% de la producción de semiconductores del mundo, y es un faro luminoso de libertad política y económica en la región, su realidad geoestratégica va en detrimento de su valor comparativo para Occidente y no puede convertirse en el detonante de un conflicto a escala global entre grandes potencias. Taiwán no puede ser el borde del precipicio.  

Es por esto por lo que antes que todo, el próximo paso debe de ser desescalar las tensiones con China, y tratar de volver a un estado de las cosas en el cual la suma de los intereses comunes sea mucho mayor que cualquier beneficio político mediático a corto plazo que ambas administraciones puedan sacar de un posible conflicto bélico “limitado”. 

Luego de retroceder y bajar la intensidad de las acciones y discursos sobre el futuro de Taiwán, Occidente debe de reenfocar su mirada hacia Latinoamérica, tanto para promover su rápido desarrollo industrial y tecnológico, como para migrar gran parte, o la totalidad, de las industrias occidentales que hoy en día permiten que China tengan el peso que tiene en el mercado internacional.

Las políticas de Nearshoring son un primer paso para esto, pero no deben ser el único. Esto debe de venir acompañado de una promoción activa de políticas liberales, fomento de la democracia, inversión directa e indirecta en el desarrollo de políticas públicas y privadas que generen riqueza y disminuyan la pobreza, además de una clara y contundente política regional enfocada en crear las condiciones para que aquellos regímenes paria que se encuentran en la región, lleguen a su fin.

Solo a través de la reafirmación del compromiso de Occidente con los valores y principios que ha venido promoviendo durante años, podrá realmente contener la expansión de los regímenes autocráticos y populistas que nueva vez asoman su cabeza en el mundo. Solo a través del fortalecimiento de los mecanismos regionales y hemisféricos de inversión, desarrollo, intercambio comercial y defensa de la libertad y la democracia, podrá Occidente sobrevivir y liderear el próxi mo Sistema Internacional que surja al otro lado de esta tormenta.

DE LA IGNORANCIA ILUSTRADA, LAS MALAS CITAS Y OTROS DEMONIOS

“El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” es una de esas frases que se han vuelto tan comunes que todo el mundo conoce su significado y las utiliza, usualmente como colofón al desmérito de uno u otro hecho del pasado que es enaltecido por los otros en contraposición a ellos. Pero, como tantas cosas que han sido vulgarizadas y mediocrizadas en las últimas décadas, la frase en su versión popular encierra, en su génesis y mensaje, la misma visión maniquea ignorante que denuncia, siendo esta una desvirtuación de otras ideas mucho más ricas y completas.

Vayamos en orden cronológico inverso, iniciando con la atribución a Winston Churchill de esta frase, que según aquellos que pretenden darle más peso a la mala atribución, surge parafraseando a Santayana, a quien trataremos más adelante. Dentro del contexto de la mitología histórica que rodea a Churchill, al que carece de mucha profundidad académica le puede parecer no solo evidente que el gran estadista dijera esta frase, sino hasta cuasi obligatorio. Será harto conocido cómo, desde la tribuna de la oposición, Churchill condenó apasionadamente la política de apaciguamiento que permitió que el populismo y el extremismo, de derechas y de izquierdas, se propagara como fuego salvaje por Europa, empujándola por el precipicio de la devastación. La cita se atribuye como un llamado a la precaución pronunciado luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, específicamente en 1948, en un discurso ante la Cámara de los Comunes.

La realidad, es distinta. El 2 de mayo de 1935, según reporta el periodista Daniel Walters sobre respuestas emitidas por el National Churchill Museum, Winston Churchill sí se dirigió a la Cámara de los Comunes, pero la frase pronunciada dista mucho de ser la comúnmente conocida. En esta ocasión, Churchill se refería a la posición de Reino Unido ante la firma del Pacto de Stresa y parte de su discurso ese día fue como sigue:

Cuando la situación era manejable fue descuidada, y ahora que se encuentra completamente fuera de control le aplicamos, demasiado tarde, los remedios que pudieron tener efecto de cura. No hay nada nuevo en esta historia. Es tan antigua como los libros sibilinos. Cae en ese largo y sombrío catálogo de la infructuosidad de la experiencia y de la confirmada imposibilidad de aprender de la humanidad. La falta de previsión, la falta de voluntad para actuar cuando la acción hubiese sido simple y efectiva, la falta de claridad en el pensamiento, la confusión de consejos hasta que la emergencia arriba, hasta que la autopreservación golpea su discordante gong; estos son los componentes que constituyen la repetición interminable de la historia.

(Churchill, 1935)

Aquí podemos constatar la riqueza del pensamiento de Churchill, pero más que esto su visión de cómo la obstinación se traduce en futilidad de aprender sobre las experiencias pasadas y su queja sobre la imposibilidad del ser humano de aprender. Pero no es solo sobre el aprender, es sobre todo el contexto que impide que se aprenda y sobre la intención cuando ya es muy tarde de proveer soluciones que, brindadas a su justo tiempo, hubiesen podido ser eficaces, en lugar de tan solo una secuencia de torpes acciones reaccionarias. Al repetir, una y otra vez, las mismas conductas absurdas que nos llevan a obviar el peligro evidente y a tratar de solucionar la crisis con medidas tibias y paliativas a destiempo, tiene en principio un fundamento que nos lleva a dejar de ignorar aquellos claros signos que nos indican que una vez más, por nuestra terquedad, estamos permitiendo que se repita la historia.

En los momentos de mayor rigor académico, y para guardar distancias de los simples repetidores de citas, cuando le es atribuida la frase sobre la falta de memoria histórica a Winston Churchill, se hace con el muy intelectual aclarando de que este en su momento no hacía más que parafrasear a Santayana. Porque nada valida más una mentira que envolverla con el manto de la legitimidad ajena, proveyéndola de otra capa más que al desconocedor, o al vago intelectual, le parezca que la reviste de categoría académica indudable, ya que nos han “enseñado” que, si algo se encuentra citado pues debe de ser verdad.

Jorge Santayana fue un filósofo y ensayista español que desarrolló su cuerpo literario en los Estados Unidos, luego de haberse mudado hacia Boston cuando era bastante joven. Aparte de sus grandes aportes en la literatura y la filosofía en inglés, tanto por sus escritos como por la influencia que tuvo sobre personajes tan influyentes como T.S. Elliot y Bertrand Russell, Santayana dejó una obra bibliográfica de alto calibre como legado, tocando temas sobre la filosofía moral que siguen siendo relevantes, al margen de sus otras carencias personales.

Como parte, tal vez central, de este legado se encuentra su obra La vida de la razón, publicada en inglés de manera original bajo el título The Life Of Reason: The Phases Of Human Progress. En este Santayana desarrolló su corpus filosófico sobre la ética. Entre todos los aportes que esta obra provee, uno de los más “populares” ha sido la frase de que “aquellos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo”. Frase que ha sido tergiversada de manera directa para sustituir pasado por historia creando una desconexión entre el sujeto y el contexto, que solo sirve para robarle la volición al individuo que se encuentra implícita en la frase original. Porque entre historia y pasado existe un espacio terriblemente insalvable que evita que el individuo se empodere sobre el fin real de la idea, la cual en el contexto en que ha sido escrita originalmente tiene un componente activo por parte del individuo como integrante de un todo social, no pasivo como espectador de la “historia”.

Una vez más, cuando nos adentramos en el contexto, vemos como este enriquece y le da más valor a la idea que Santayana perseguía transmitir.

El progreso, lejos de consistir en cambio, depende de la capacidad de retención. Cuando el cambio es absoluto no queda ningún Ser para mejorar y ninguna dirección es establecida para una posible mejora: Y cuando la experiencia no es retenida, como entre los salvajes, la infancia es perpetua. Aquellos que no pueden recordar su pasado están condenados a repetirlo.”

(Santayana, 1905, P. 172)

Santayana nos habla de la riqueza del progreso como construcción iterada de la realidad a partir de los hechos y experiencias anteriores y nos alerta de que, al olvidar, obviar, o tergiversar aquellos procesos que ya hemos experimentado y que rechazamos como parte de nuestro pasado, estaremos condenados de manera inevitable a repetirlos ya que, para progresar, se deben de ir interponiendo las diferentes partes que componen este progreso y aceptando su justo valor dentro de esto.  

Ya en nuestra última mención, traeremos a Edmund Burke a la conversación, quien es el tercero de los pensadores a quienes se le ha atribuido la popular frase sobre la repetición de la historia. Edmund Burke fue un reputado político, economista y escritor británico del siglo XVIII quien tampoco expresó tal frase, sino dos comentarios mucho más ricos en sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa. El primero versa sobre como es imposible mirar hacia adelante sin tomar en consideración lo que nos ha precedido “La gente que nunca mira hacia atrás hacia sus ancestros, no mirará hacia adelante hacia la posteridad” (Burke 1790, P. 121). Y la segunda, donde abunda un poco más sobre un tema similar en el cual nos alerta sobre los peligros que nos persiguen al ignorar nuestro compromiso con aprender de la experiencia humana que nos ha servido de antecedente:

Nosotros no sacamos las lecciones morales que pudiésemos de la historia. Por el contrario, sin el debido cuidado puede ser utilizada para viciar nuestras mentes y destruir nuestra felicidad. En la historia un gran volumen es desenrollado para nuestra instrucción, extrayendo los materiales de la sabiduría futura de los errores y enfermedades del pasado de la humanidad.

(Burke, 1790. P. 243)

Queda evidenciada, una vez más, la riqueza y la complejidad que realmente sustenta la apropiación que se le hace de la popular frase. Dejándonos Burke una visión bastante clara sobre el peligro, no solo de obviar las lecciones que la historia nos provee, sino que también nos alerta sobre como esta puede ser utilizada para viciar nuestras mentes y destruir nuestra felicidad. Previendo tal vez, el peligro de cómo la historia se disuelve en el discurso oneroso de los populistas y los intelectuales de redes sociales quienes la manipulan hasta que quepa en sus muy limitadas visiones de la realidad.

Tres cosas han de quedarnos clara al acercarnos al final de esta lectura. La primera es, que ninguno de los tres autores, a quienes popularmente se les atribuye la frase, dijo en ninguna ocasión la misma. Siendo quien más cerca se encuentra Santayana, pero con un contexto mucho más profundo y rico que la simple versión vulgar que se ha popularizado. En segundo lugar, que la idea de que la humanidad solo puede superar, a nivel personal y colectivo, las situaciones del presente a partir del estudio riguroso y contextualizado de los eventos y las experiencias del pasado, es una realidad que debe de ser enseñada en cada generación, so pena de padecer los mismos accidentes históricos a perpetuidad.

Y tercero, y tal vez más importante, que con la masificación del acceso a la información se han dado dos fenómenos altamente lesivos para el desarrollo de la cultura, la simplificación del conocimiento y su reducción a aforismos descontextualizados que no son más que eslóganes de mercadeo repetidos hasta la saciedad, al punto de carecer de valor real y efectivo; y el olvido del valor del conocimiento sistemático, organizado, argumentativo y colectivo.

En la antigüedad la libertad era ahogada bajo el yugo del silencio y la ignorancia, utilizando los mensajes simples y sencillos para poder mantener a las masas oprimidas y controladas. Hoy en día, la libertad y el conocimiento mueren abrumados por el ruido de millones de mediocres e intelectuales de redes sociales que fundamentan su conocimiento en sistemas educativos que no enseñan a aprender, en eslóganes y citas pseudointelectuales que les proveen de cierto sentido de superioridad y en una terrible falta de respeto ante el conocimiento estructurado y profesional.

Con el acceso irrestricto a la información, y la falsa certeza que proveen sitios como Wikipedia, todo el mundo sabe más que todo el mundo. Los comunicadores de noticias, los twitteros, los creadores de contenido, los generadores de clicks y likes tienen hoy tanta o mayor importancia en la creación de “la verdad” que aquellos quienes han dedicado su vida entera a la investigación y el estudio de una u otra rama académica.

En su momento las luces de la Ilustración fueron las lumbreras que iluminaron el camino hacia un futuro mejor. Hoy, son las chispas que han promovido la propagación de un fuego violento y salvaje en el que los analfabetos funcionales se han apropiado del conocimiento, socializándolo, humillándolo y reduciéndolo a un video de 10 segundos, una foto o 240 caracteres en una red social.


Referencia:

Burke, Edmund. 1790. Select Works. Reflections on the Revolution in France. Liberty Fund.

Santayana, George. 1905. The Life of Reason: Introduction and Reason in Common Sense.

Walter, Daniel. 2016. Condon misattributes quote to Churchill in the State of the City speech. Inlander. https://www.inlander.com/Bloglander/archives/2016/02/16/condon-misattributes-quote-to-churchill-in-the-state-of-the-city-speech

Hansard, United Kingdom Parliament. Orders Of The Day. Volume 301: Debated on Thursday 2 May 1935 https://hansard.parliament.uk/Commons/1935-05-02/debates/f5489411-f14f-44c6-8666-e26a0a32b761/OrdersOfTheDay

Citas en idioma original

Progress, far from consisting in change, depends on retentiveness.
When change is absolute there remains no being to improve and no direc-
tion is set for possible improvement: and when experience is not retained,
as among savages, infancy is perpetual. Those who cannot remember the
past are condemned to repeat it. (Santayana, 1905, P. 172)

“People who never look back to their ancestors will not look forward to posterity”. (Burke, 1790 P. 121)

 “We do not draw the moral lessons we might from history. On the contrary, without care it may be used to vitiate our minds and to destroy our happiness. In history a great volume is unrolled for our instruction, drawing the materials of future wisdom from the past errors and infirmities of mankind.  (Burke, 1790, P. 243)

Daniel Walter, https://www.inlander.com/Bloglander/archives/2016/02/16/condon-misattributes-quote-to-churchill-in-the-state-of-the-city-speech

Answer: What Santayana wrote (in The Life of Reason, 1905) was: “Those who cannot remember the past are condemned to repeat it.”


A search including key phrases (“remember the past”…”condemned to repeat it”) did not bring any results. So we are inclined to believe he never repeated Santayana in so many words.  Churchill worried not so much that those who forget the past are condemned to relive it, but that the loss of the past would mean “the most thoughtless of ages. Every day headlines and short views.” (House of Commons, 16 November 1948)


But perhaps his best remark on the subject was this:


“When the situation was manageable it was neglected, and now that it is thoroughly out of hand we apply too late the remedies which then might have effected a cure. There is nothing new in the story. It is as old as the sibylline books. It falls into that long, dismal catalogue of the fruitlessness of experience and the confirmed unteachability of mankind. Want of foresight, unwillingness to act when action would be simple and effective, lack of clear thinking, confusion of counsel until the emergency comes, until self-preservation strikes its jarring gong–these are the features which constitute the endless repetition of history.”


—House of Commons, 2 May 1935, after the Stresa Conference, in which Britain, France and Italy agreed—futilely—to maintain the independence of Austria. (My book* page 490). (https://www.nationalchurchillmuseum.org/blog.html )

EL GRAN ESTADISTA NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Dicta la prudencia que todo Gran Estadista ha de reconocer en el firmamento los tintes dorados del ocaso y empezar el camino que lo lleve a disfrutar de los dulces vientos de la posteridad bajo su propia higuera, o en el caso tropical bajo su propio tamarindo. Compartiendo desde allí, la sabiduría adquirida en el ejercicio del poder a las nuevas generaciones, que ávidas de guía buscarán el consejo de sus mayores para evitar cometer los mismos errores que estos cometieron en su quehacer profesional, moviendo así a la sociedad hacia un mejor mañana.

Pero la prudencia, como madre de todas las virtudes, solo puede florecer en aquellos corazones que a fuerza de trabajo y sacrificio han arado los surcos de la fortitud ética y moral a lo largo de toda una vida. Lo cual, aun cuando ha sido jefe de Estado en tres ocasiones, es difícil de esperar de quien nunca ha tenido que dignificar su vida a través del trabajo pero que de alguna manera, en sus propias palabras, nunca le ha faltado el dinero.

Es difícil esperar prudencia de un Gran Estadista que habla de una obra incompleta luego de haber ostentado el poder por tres ocasiones en un plazo de dieciséis años, y que ha visto a su partido gobernar por veinte de los últimos veintiséis años.  Pero tal vez es que su obra es como la roca de Sísifo, una gran faena de futilidad y repetición que está condenada a encontrarse siempre incompleta. Siempre a la espera de que él, que en su egocentrismo infinito se ve aún como un Titán destronado a punto de retornar a su trono divino, empuje la roca una vez más hacia la cima con la esperanza de que esta vez no caiga inevitablemente hacia el abismo, como lo ha hecho cada vez que ha abandonado el poder.

Porque es revelador de un Gran Estadista de tan larga data que luego de haber gobernado de manera personal por doce largos años y a través de su partido por un total de veinte, el único dato relevante que pueda ser rescatado de su obra inacabada es la consagración de la mediocridad como punto determinante de la ejecución de su tan grandilocuente discurso. Ha sido, sin la menor duda, el padre de la corrupción más despiadada que se ha cernido sobre las estructuras de poder de nuestra república y el catalizador de la propagación generalizada de lo que Alain Deneault llama el proletariado con dinero. Una clase socioeconómica dependiente y sometida por sus supuestos liberadores quienes de manera sistemática le denegaron el derecho más fundamental, el de la libertad de toma de decisiones que se desprende de la independencia económica.

Entonces llama a la atención y a la curiosidad, qué se puede hacer en cuatro años más que no se haya podido lograr en los primero doce o en los veinte colectivos. Además de continuar creando una clase media de papel que sea dependiente del Estado y que se encuentre subordinada a los deseos clientelares de generación de pobreza que han sido la norma en las gestiones del Gran Estadista y su otrora querido colaborador, hoy declarado contrincante.

O es acaso que el Gran Estadista en sus afanes por continuar emulando a los otros Grandes Estadistas que le precedieron como Báez, Santana, Lilís y Trujillo, busca imponer su voluntad una vez más para ver si al redondear las dos décadas de gobernanza podrá finalmente dar por terminada su obra.

Aunque es poco probable que su hambre se dé por satisfecha, ya que es síntoma muy claro de ese gran vacío que yace en aquellos hombres que, a falta de una base de formación fundamentada en principios honorables y justos, han tenido que perseguir el poder como vía de imposición de su voluntad y entienden que el servicio público no es más que el camino para imponer en los ciudadanos desprevenidos la servidumbre pública.

Pero mientras su hijo jugaba Polo, como el famoso hijo de aquel otro Gran Estadista, la sociedad se iba sumiendo en el sopor de la complacencia que surge del cansancio de ver las esperanzas una vez puestas en una liberación altamente cacareada por el promotor de una dictadura con apoyo popular, en un sistema de dependencia y opresión solo comparable con los peores momentos del clientelismo servil que arroparon a Europa durante diez siglos.

Señor Gran Estadista, yo sé que dentro de su cabal de sicofantes edulcorantes no puede encontrar a nadie que le escriba de manera veraz, indicándole que ya es hora de abandonar sus aspiraciones mesiánicas y dedicarse a una vida académica y política distinta. Que su momento histórico ya ha pasado y que a partir del 16 de agosto del 2020 se inició una nueva etapa en la República Dominicana, una en la cual los paradigmas de integración social, de dinamización de las fuerzas creativas latentes y de construcción de independencia económica han sido replanteados con la misión clara de proveerle a la sociedad las herramientas para que pueda lograr esta mencionada independencia.

En fin, sé que ninguno de los miembros de su manada le dirá nada de esto al momento que le llaman líder, mesías y cuantos epítetos altisonantes e hiperbólicos sus ansias de comer migajas los lleven a promulgar. Por eso hoy le escribo yo hoy, Gran Estadista, para que en el futuro cuando la historia se torne de manera irreversible contra usted por haber abusado de la paciencia de las Moiras, no pueda decir que nunca tuvo quien le escribiera.

Artículo publicado en Acento.com.do

LA REORGANIZACIÓN DE LOS SISTEMAS INTERNACIONALES Y LA CRISIS RUSO-UCRANIANA.

En marzo de 1936, las tropas militares alemanas marcharon hacia Renania retomando y remilitarizando aquella zona que, como parte del Tratado de Paz de Versalles de 1919, luego refrendado en el Tratado de Locarno de 1925, había sido ideada como una zona libre del control militar alemán.  Este paso, al igual que el cese de los pagos de las “reparaciones” impuestas por los aliados, fue la primera estocada al disfuncional Sistema Internacional creado en la víspera de la Primera Guerra Mundial. Este sistema, apuntalado sobre el endeble precursor de las Naciones Unidas, se enfocó en la desarticulación y contención de Alemania. Siguiendo los principios generales de la política de Richelieu de limitar el poder germano a toda costa, se establecieron una serie de medidas que buscaban reducir su capacidad de accionar, sin tomar en cuenta las realidades históricas que habían llevado a la existencia de esta y obviando la legitimidad de algunos de los reclamos que esta pudiese tener.

Como era de esperarse, un sistema que, en su génesis nació para castigar y contener, fue desafiado por las ideologías reaccionarias del momento, sumergiendo a Europa en un conflicto bélico sin comparación alguna en la larga y violenta historia de occidente.

De las cenizas y los escombros de la Segunda Guerra Mundial surgieron dos sistemas paralelos; el idealista multilateral encumbrado en la existencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el de la realpolitk bilateral que enfrentaba a los Estados Unidos (EE. UU.) y a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Aún cuando el sistema de la ONU ha logrado establecer una serie de mecanismos que han facilitado la inclusión de la mayoría de los países al concierto de naciones, el modelo que en última instancia terminó siendo más determinante fue el bilateral que tuvo como escenarios alternos a todas aquellas naciones que se vieron influenciadas por uno y otro bloque.

Con la disolución de la URSS y el inicio del “momento unipolar” de los EE. UU., la complacencia arropó a un occidente que olvidó las lecciones históricas, que creyó que los Sistemas Internacionales eran cosas del pasado y que los reclamos revisionistas de las potencias (re)emergentes podían ser apaciguados por el brillo enceguecedor del triunfo de occidente.

Pero a las sombras del momento unipolar se encontraba una China que aún recordaba las humillaciones de los últimos tres siglos y que nunca tuvo ni voz ni voto en la configuración del Sistema Internacional; y una Rusia que, postrada, nunca aceptó la disolución no solo de la URSS, si no de todo el sistema de esferas de influencia y zonas dependientes que había venido construyendo desde la expansión hacia occidente que inició con Pedro el Grande hace ya casi cuatro siglos.  

Y es sobre esto que se desarrolla la crisis más reciente de Europa Oriental, en el reclamo de una Rusia que sí actúa en consecuencia de las realidades de los Sistemas Internacionales y que ve como una alianza estratégica de defensa colectiva (la OTAN) se va atrincherando en aquellas zonas que por más de trescientos años han sido, de manera natural, parte de su esfera de influencia. Del otro lado nos encontramos con una Europa dependiente y avejentada que ha renunciado a participar en el Sistema Internacional al verse protegida por la sombrilla imperial de los EE. UU., los cuales han despertado en el último lustro a la realidad de que su “hegemonía” está siendo desafiada tanto por la impetuosidad de los reclamos de las otras potencias, como por la desidia de una Europa que le ha dado la espalda a su justo lugar en el Sistema.

Es así, como vemos que un conflicto que a todas luces tiene una salida diplomática, se ha elevado al punto de conflicto bélico, todo por la tozudez de los actores diplomáticos que confunden el idealismo aspiracional de la teoría multilateral de organización internacional, con la cruda realidad práctica de la implementación de medidas pragmáticas que los reajustes de Sistemas Internacionales requieren.

De no tomarse medidas contundentes, a favor o en contra de los reclamos que empujan a la reorganización del sistema en esta nueva crisis, se estará abonando el terreno para que a corto o mediano plazo las fuerzas reaccionarias que de vez en vez asoman sus cabezas en aquellas naciones que sienten que sus reclamos no son justamente atendidos en el Sistema Internacional de turno, arrastren a todo occidente a una nueva guerra mundial de la cual, tal vez, no se puedan recuperar.

“CARAJITA”: Una ventana a la descomposición moral de nuestra sociedad.

La vida política inicia con una visión crítica de la sociedad en la cual uno existe. Es deber de cada ciudadano ejercer su capacidad de participar en la vida política de su país, para así poder iniciar el proceso de cambiar aquellas cosas que, luego de una evaluación crítica, entiende que debiesen ser de otra manera.

Y es precisamente esto lo que Ulla Prida hace con su película “Carajita”, poner la lupa sobre una sociedad que a lo largo de las últimas dos décadas presenció un colapso moral de impacto aún no cuantificado. En esta obra dominicana, que en la superficie trata sobre la relación asimétrica que se genera entre una “sirvienta” Yari (Magnolia Núñez) y la niña de la casa Sara (Cecile Van Welie), podemos identificar traumas históricos que han venido afectando los cimientos de una sociedad que ha aumentado su poder adquisitivo a costa de sacrificar las costumbres que le han dado su carácter.

Con Las Terrenas como trasfondo, vemos desarrollarse una historia de amor filial entre Yari y Sara, que es llevada al punto de quiebre cuando un accidente se interpone entre ellas. La actuación de Magnolia y de Cecile proyectan de manera excepcional los sentimientos que van aflorando y la relación entre ambas, capturando la esencia de sus particulares posiciones de manera espectacular.

Pero es en el andamiaje de esta obra donde podemos ver la crítica que la guionista quiere proyectar. Es la corrupción política que ha empujado a la familia a emigrar a Las Terrenas, es la participación de aquellos entes que durante dos décadas se enseñorearon sobre una sociedad que languidecía a sus pies. Así, vemos al “Diputado” participando en las fiestas del personaje que se encuentra retirado del ojo público por miedo a ser perseguido por actos de corrupción. Lo vemos en la reunión de “amigos” en las cuales comparten videos sexuales sobre las hazañas de sus intercambios de parejas, lo vemos en las fiestas desbocadas de los jóvenes, en el encubrimiento de crímenes, en la actitud de encontrarse por encima del bien y del mal, de las consecuencias.

Una actitud rayana en la psicopatía, como cuando uno de los personajes confiesa que al ver como un niño fallecía luego de cumplir sus órdenes, este simplemente se retiró a su habitación a estudiar, dejando al niño con la cabeza abierta en el patio de su casa.

Es en los detalles que se encuentra la riqueza de esta película que trae al frente lo que ya todos sospechábamos y que lentamente hemos ido descubriendo; que durante dos décadas la corrupción no fue solamente política y económica si no también, y tal vez mucho peor, moral.

Pero, no obstante, este tipo de obras sirven como punto de partida para empezar el camino de la absolución y trabajar de manera concertada en subsanar el alma de una nación, para que en el futuro el desenlace de “Carajita” sea solo el de una obra de ficción, y no el fiel reflejo de una sociedad moralmente devastada.

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La llegada del Dragón

En la noche del 9 de noviembre de 1989, con la caída del Muro de Berlín, inició el réquiem del primer Sistema Internacional de Superpotencias de la historia. Uno que, durante más de 40 años, había mantenido al mundo dividido en dos esferas de poder que extendían su influencia a todos los rincones del planeta, definiendo las políticas públicas y privadas de dos generaciones y alterando la concepción de balanza de poder que, hasta entonces, había servido de guía al momento de tomar decisiones en la esfera internacional.

Al iniciarse la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), los Estados Unidos se encontraron por un breve momento secuestrados en el optimismo de un mundo que por fin había superado las políticas internacionales de los Sistemas. Un mundo que, abanderado por los ideales de democracia, libertad y la universalidad de los derechos humanos, había dejado atrás aquellas políticas tradicionales de poder, del juego de suma cero.

Es en este trance de la victoria que surgen los llamados de Fukuyama a ponerle un punto final a la historia e iniciar un nuevo capítulo que fuese más allá de las balanzas de poder. Es aquí mismo que Joseph Nye acuña su concepto de Poder Blando, una forma diferente de proyectar el poder de la única superpotencia que quedaba en el mundo. Bajo éste, el poder debía de proyectarse bajo el manto de la sugerencia, la atracción y la seducción. Por medio de la influencia suave proyectada como un modelo aspiracional, se podía regentear un sistema internacional nuevo, basado en los principios occidentales que habían derrotado a la URSS, y que por ende habían cimentado su superioridad.

Fue en este momento clave, en la encrucijada histórica creada por el momento unipolar de los Estados Unidos, que arreció la política de acomodamiento hacia la República Popular China (RPC). Una política que se fundamentaba en esa concepción de inevitabilidad del éxito del poder blando americano que desembocaría en la aceptación de los valores occidentales de libertad, democracia, derechos humanos e interconectividad comercial. Esta política de Estado fue continuada por las próximas cuatro administraciones, permitiendo de esta manera que la RPC creciera y se integrara a una comunidad internacional que le fue abriendo las puertas contando con la esperanza de que la historia había terminado, y de que en cualquier momento la RPC asumiría los ideales occidentales como suyos.

Pero mientras los Estados Unidos dormía el sueño de los justos, los otros actores del sistema internacional ajustaban sus tácticas e inventaban nuevas formas de participar en el juego de las naciones. Unos aprendieron a golpear desde las sombras, asimétricamente, continuando con prácticas perfeccionadas durante cuatro décadas de Guerra Fría. Otros, aprovecharon la laxitud de un Occidente embriagado de victoria, para comprar su tiempo, fortalecer sus posiciones y alcanzar el lugar de primacía que siempre ha creído que merece.

El momento unipolar fue desperdiciado en fantasías liberales de la universalidad de los valores occidentales y la bondad inherente de las naciones. De esta manera, iniciativas que tanto habían ayudado a que regiones como Latinoamérica y el Caribe (LAC) empezaran un proceso de desarrollo y crecimiento sostenido, fueron abandonadas. Este abandono permitió el auge de movimientos autoritarios y populistas que desestabilizaron la región y promovieron el aumento de la corrupción, el narcotráfico, la pérdida de confianza en las instituciones democráticas y el lento avance de actores que una vez más veían a LAC tan solo como un tablero en el cual desarrollar sus movidas estratégicas en busca de ganar mayor poder en el juego de naciones.

Con la victoria vino la desidia, y con esta se generó un vacío de poder. Es gracias a este vacío de poder que la RPC logró posicionarse como protagonista de la segunda iteración del Sistema Internacional de Superpotencias. Así, ha logrado expandir su influencia en la región de LAC de una manera alarmante, aumentando sus inversiones y apropiándose, de manera subrepticia, de aquellos sectores estratégicos que tienen la potencialidad de convertirse en potentes armas de disuasión al momento en que los intereses de la RPC así lo requieran.

Solo hay que ver los números para tener una idea del alcance de la estrategia de la RPC en la región. Según el estudio de la CEPAL, “La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe • 2021”, solo en fusiones y adquisiciones sin tomar en consideración inversiones de otro tipo, en América Latina y el Caribe entre 2010 y 2020 la RPC invirtió 74,524 millones de dólares. Estos se encuentran divididos en 29,817 millones de dólares estadounidenses en los sectores de electricidad, gas y agua; 23,091 millones de dólares en los sectores de petróleo y gas; 12,635 millones de dólares en el sector minería; 5,166 millones de dólares en el sector manufactura; 1,945 millones de dólares en los sectores de transporte y almacenamiento; y 1,870 millones de dólares en los sectores de agricultura, ganado, silvicultura y pescadería.

Como se puede ver, la mayoría de las inversiones fueron destinadas a los sectores de minería, energía e infraestructura de transporte, posicionando a la RPC como un actor de importancia en el control de sectores estratégicos de los países de la región. Entre 2005 y 2019 la RPC fue el segundo mayor inversionista vía fusiones y adquisiciones, quedando detrás solo de los Estados Unidos. Pero para el 2020 alcanzó el primer lugar, seguido de España y Canadá.

Estas inversiones fueron acompañadas de una visión clara de posicionamiento tecnológico, siendo el 24% de las inversiones de fusiones y adquisiciones entre 2005 y 2019, destinadas al sector de las telecomunicaciones y el internet.

Además de esta estrategia, se encuentra la de los contratos de construcciones y los préstamos. En el marco de esta se destinaron 49 mil millones de dólares en 37 proyectos relacionados a energía y 25 mil millones de dólares en 34 proyectos de infraestructura (carreteras, aeropuertos y puertos). Es pertinente mencionar que, según el mismo estudio de la CEPAL, al año 2020 la RPC es el mayor acreedor bilateral del mundo, superando en sus flujos de capital a instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Los vacíos de poder no son sostenibles y eventualmente son ocupados por aquellos que tienen tanto la disposición como la capacidad de llenarlos. La falta de una estrategia clara hacia la región de América Latina y el Caribe ha permitido que, en la última década, una de las de mayor crecimiento económico de la región, la influencia de los Estados Unidos se haya visto socavada por la influencia de China.

No podemos cometer el mismo error que se cometió hace ya 30 años. La realpolitik dicta que se tomen las medidas necesarias para prevenir el avance de una Superpotencia lejana, una que posee un ethos distinto, además de valores y principios que nos son ajenos a nivel metacultural. Este es el momento en el cual la región debe de cohesionarse y trabajar en conjunto para resistir la llegada del dragón, protegiendo aquellos sectores estratégicos de importancia, y buscando fuentes alternativas de financiamiento que no dependan directamente de la RPC.

Es también necesario que desde los Estados Unidos se establezca una política clara y definida para promover la prosperidad, la inversión y el desarrollo de la región. Por medio de acuerdos comerciales justos, de acceso a financiamiento de proyectos, de inversión y de la promoción del establecimiento de industrias estadounidenses en la región se limitará el alance de la influencia de la RPC y se permitirá que los Estados se empoderen y se conviertan en aliados estratégicos de los Estados Unidos y de Europa en esta segunda iteración del Sistema de Superpotencias, en lugar de verse sometidos a ser peones cautivos de la República Popular China.

Publicado en Acento el miércoles 3 de noviembre de 2021.

Maldad líquida y las trampas del discurso político

En su libro Maldad Líquida, Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis conceptualizan y discuten sobre la ambigüedad del mal en la actualidad. Luego de la caída de ese gran antagonista para occidente que representó la Unión Soviética, no ha quedado un gran enemigo sobre el cual decantar todos nuestros miedos, inseguridades y fracasos. Esto tiene como consecuencia, que al desmontarse todo el andamiaje mitológico sobre el cual se cimentaba la lucha entre “bien” y “mal” que representaban occidente/democracias liberales versus la URSS/comunismo, solo nos queda la lucha terrible contra nosotros mismos.

Es aquí, en esa lucha contra nosotros mismos, donde entiendo que queda patente de manera más clara la liquidez, lo amorfo del mal moderno. Vivimos en una sociedad “ilustrada”, en la cual la mayoría de los individuos cuentan con algún grado de “educación”. Una educación que fue comercializada como el prerrequisito del conocimiento y el entendimiento de las cosas, pero que en la realidad solo ha logrado generar la terrible convicción de que todo aquel que sea capaz de formular una idea es dueño de la verdad, y que todo aquello que no se entienda pertenece al reino de la mentira.

Una realidad mucho más terrible en el día de hoy, cuando asumimos la complejidad de la mayoría de las cosas que nos rodean, desde el dispositivo electrónico en el cuál se está escribiendo este texto, hasta los procesos económicos y comerciales que hacen posible el consumo de uno y otro bien cualquiera.

Hoy, nos encontramos atrapados por ese anti-intelectualismo del que Asimov se quejaba ya hace 40 años en su ensayo Un culto a la ignorancia: <<…existe una falsa noción de que la democracia significa que “mi ignorancia es tan buena y válida como tu conocimiento.”>> Una falsa noción que se ha ido haciendo mucho más injuriosa a medida que han ido pasando los años y los reclamos se han alejado de la satisfacción de las necesidades básicas para la supervivencia.

Así nos encontramos que, al proyectar los principios de democracia política, en la cual la voz/voto de un ciudadano tiene el mismo valor que la de otro sin importar color, raza, riqueza, propiedad, etcétera; hacia el campo de la intelectualidad, se genera una creencia de que la opinión de un ciudadano tiene el mismo peso que el conocimiento de otro. Así nos encontramos a ingenieros opinando sobre temas médicos, abogados sobre temas pedagógicos, arquitectos sobre temas económicos, y a todos absolutamente indignados cuando sus opiniones no informadas son rechazadas por los expertos.

Pero esta equiparación de democracia política con competencia profesional tiene un componente mucho más peligroso que la negación a vacunarse o la muy tonta creencia de que el usuario sabe más que el profesional de su campo. Lo más peligroso, para la cohesión social moderna, es el cómo esta tergiversación de la verdad, esta liquidez del mal ha encontrado su camino al discurso político.

El fin último de la política es gerenciar la cosa pública en función de las convicciones particulares que un grupo tiene sobre como esta gerencia beneficiaría mejor a toda la sociedad. Dentro del ir y venir de representantes, los diferentes grupos van logrando que sus reclamos personales sean validados por la gran mayoría de la sociedad, logrando tolerancia y respeto para los reclamos de estos diferentes grupos. Así, obligados a tener que convivir con las diferentes expresiones de la sociedad, y teniendo que encontrar consensos entre las mismas para poder mantener a la sociedad funcionando de manera regular, se van dando los procesos de generación progresiva de cambio que repercuten en el mayor beneficio posible para los integrantes de la sociedad.

Pero, en el momento en que los distintos representantes de grupos asumen un lenguaje de otredad, generando un discurso de demonización de todo aquel que “no ve” o “no entiende” lo “evidente” de sus reclamos; cuando todo aquel que no está de acuerdo con lo que “yo digo” y se convierte en una larga lista de epítetos descalificativos, en el momento en que deconstruimos al otro y lo convertimos en la personificación de “todo lo que está mal con nuestra sociedad”, nos encontramos a un populista carismático para que inicien los pogromos en nuestra sociedad.

La “educación” ha convencido a algunos de que son los propietarios de la verdad absoluta. La tecnificación les ha hecho creer que al saber mucho sobre un tema en específico tienen las herramientas para poder entender todos los temas de la humanidad. La experiencia humana, egoísta y absolutamente personal de cada uno nosotros, ha llevado a algunos otros a creer, como un acto de fe, que su verdad es la única verdad que tiene validez. Y a partir de esta creencia, a partir de este “saber que tengo la razón”, inician ataques contra otros seres humanos, inician marchas, contramarchas, rumores, campañas de desinformación, que no tienen ningún otro objetivo que socavar los débiles fundamentos que mantienen a la sociedad unida.

Esto se ve empeorado, cuando quienes inician este tipo de acciones son aquellos que durante tanto tiempo han sido considerados, por aliados y opositores, como ejemplos de intelectualismo y sobriedad académica. Es especialmente triste ver como en el discurso político la oposición, que tan saludable es para la estabilidad democrática, se ve reducida a vacuas tergiversaciones de datos por aquellos que ya han tenido el honor de ocupar las más altas posiciones de poder y que se rehúsan a ceder el paso a nuevas generaciones. Obstinados adictos al poder, que no saben guiar desde atrás y que, en vez de utilizar su experiencia y conocimiento para servir como inspiración de una nueva generación, se ven condenados a repetir una vez más la historia; esta vez ya no como tragedia, si no como una farsa.

Así mismo se van desbocando aquellos neojacobinos que reclaman derechos y oportunidades de una sociedad que aún no se encuentra lista para entenderlos. Y a fuerza de rechazo y falta de comprensión de como la sociedad no comulga con su “tan evidente posición”, se irán radicalizando, irán aumentando la violencia de su discurso, verán como quienes se le oponen aumentan también su virulencia, alimentando las filas de los extremos, de un monstruo que hoy se encuentra en sus ciernes, pero que de continuar por ese camino de la demonización del otro, de la deshumanización de las realidades de la sociedad en la cual existen, crecerá hasta consumirlos no solo a ellos, si  no a todo aquello que ellos tanto desean.

El principal peligro de la liquidez de la maldad es que convierte a la sociedad en un todos contra todos. Se pierde la confianza y el respeto a las jerarquías de poder, pero no se proponen nuevas estructuras. Caminamos, dándole la espalda a toda la historia humana, hacia un suicidio colectivo fundamentado en el nihilismo y el relativismo.  Discutiendo acaloradamente sobre letras y palabras, mientras ignoramos que solo a través del consenso, la concordia, el respeto mutuo y el fortalecimiento de las instituciones se pueden evitar las trampas que la difusión del mal nos presenta en la modernidad.  

Artículo publicado en Acento.com el jueves 27 de agosto de 2021

A review of The Anthropocene Reviewed

I met John Green back in 2012, when I recently started teaching Social Studies to middle schoolers. And when I say that I met him, I meant that I found his Crash Course channel on YouTube and was immediately fascinated by how accessible it was, and how it led to dig deeper in some of the important issues. For me it served a dual purpose, it helped me reach the students in an interactive way by implementing inverted classroom strategies, and it helped them get a better hang of the English language that they were all struggling to get. And so, for a time, John Green was my teacher´s assitant, and for a time everything was good.

Later, in 2013 I was working on a project with Patrick Golding. We were working in a couple of projects to be honest, but this one in particular was kind of an excersise more than a proper project. We started working on a story and the premise was that each one of us would write a page, and then sent the document to the other to continue the story and write a page, and so on until the story was finished. There were only two conditions, that whoever started the story couldn’t finish it and that the story was going to follow a guy named Achilles. In that process, who is today my wife gave me the book Will Grayson/Will Grayson, by John Green. So once again John Green knocked on my door with a topical hand to help. This time showing me how two writers can work together on a single project. And even though the story that Patrick and I were writing grew up to become a novella, it has never been publiched. Until now!!… no, I’m kidding, that thing is not seeing the light of day.

Fast forward to 2021. We are in the middle (end?) of a pandemic and I am one day flipping thru Tik Tok and I see John Green signing random sheets of paper. Curiosity strikes and I find out that a new book is coming out, The Anthropocene Review. We bought the signed copy because why wouldn´t we want to; and while reading, thanks to the familiar and intimate way in which John Green writes it, and due to the fact that with the passage of the years the idea of him has become part of that mythological pantheon that has grown with us in the past decade and a half as citizens of the internet, I find that the book is a perfect reflection on what life has become to a lot of us.

The book follows a series of seemingly random topics that are reviewed, and thru the review theres a very personal reflection on how it reflects upon us as human in this, our very own time. The tone is conversational and intimate, sharing with us his fears, his faults, and his worries, but ultimately his hope that humanity is much more than what it is at its worse. For this he uses the now standard method of rating based on 5 stars that makes so little sense, and yet all the sense in our world.

The Anthropocece Review is in essence a series of essays. Of very personal essays coated with some historical and factual information, but with a very personal touch that make us feel more human at the end of it. At moments it feels like a hug, like a ray of sunshine or like a cup of morning coffee. At others it makes you feel that you want to give John Green a hug, under a ray of sunshine, while offering him a cup of morning coffe.

I give The Anthropocene Review 4 stars and I give John Green 5 stars.

-Un año después-

Al terminar el primer año, debemos mirar atrás y repasar cuánto hemos podido realmente avanzar en este proyecto que iniciamos juntos. Pasar balance es siempre un ejercicio necesario, uno que incluye una crítica dura sobre los esfuerzos y el trabajo que se han hecho, a nivel individual y de equipo, tomando como punto de medición el estado de las cosas desde donde se ha iniciado este recorrido.

Pero sería injusto, a mi parecer, tomar como punto de partida el estado de las cosas que encontramos el 16 de agosto de 2020. En ese momento un régimen de 16 años yacía moribundo en los escombros del naufragio estelar causado por su propia desmesura. Y aquellos indolentes que en algún momento debieron estar atentos al timón, navegando hacia a un puerto seguro con la finalidad de entregar sanos y salvos, tanto a la nave del Estado como a sus tripulantes, hacía rato que habían abandonado a una y a los otros a la suerte de sus oraciones.

Fue así como llegamos a tomar posesión de una nave encallada y haciéndose aguas. Donde la gran mayoría de los empleados no sabía dónde trabajaban ni cuáles eran sus funciones, donde muchos otros se encontraban boicoteando nuestra llegada y donde otros ni siquiera conocían a algunas de las autoridades salientes… a sus jefes.

Encontramos un edificio que aun siendo nuevo tenía derrames de agua en el lobby, las paredes sin pintar, toma corrientes abiertos y sin protección, sillas nuevas pero destruidas, escritorios recostados sobre archivos, aires acondicionados que no funcionaban, ventanas rotas, procedimientos redundantes y un personal desmoralizado.  

Nos encontramos con un ministerio al cual se le había robado su razón de ser, su volición; convirtiéndolo en un ejemplo de libro de texto de los vicios y riesgos que la sobre burocratización de los procesos genera, siempre en perjuicio de los usuarios finales de todos los servicios del Estado, el ciudadano. Porque a final de cuentas es siempre el ciudadano el que sale perdiendo cuando los procesos han sido complejizados y oscurecidos con la sola finalidad de generar contratiempos y abrirle la puerta a las arpías rastreras que se aprovechan de los deseos legítimos del dominicano de “echar pa’lante”. Porque si hay algo que el dominicano ha hecho desde siempre es amanecer cada día con la fe y la esperanza de que las cosas van a cambiar, tienen que cambiar, y que todo irá para mejor.

Y es por esto por lo que es tan importante el hacer balance un año después. Para saber qué tan bien lo hemos logrado, qué tanto hemos podido revertir la entropía que se había vuelto parte del ADN de nuestro Estado. Y esto lo tenemos que realizar no solo desde la parte de cifras y logros, los cuales son evidentemente impresionantes como que el MICM certificó entre septiembre 2020 y julio 2021 más Mipymes que en los 4 años anteriores, o que promovió la apertura de 71 Zonas Francas, o la generación de más de 10 mil nuevos empleos, inversiones de más de 10,500 millones de pesos, o que desde las Zonas Francas lograron exportar más 1,000 millones de dólares en un solo mes, o que el ministerio fue certificado en ISO 9001:20015; o cualquier de los otros hitos históricos que se han alcanzado bajo la administración del ministro Ito Bisonó.

Pero no es en eso en lo que nos debemos de enfocar. Al final lo importante no son las cifras ni los hitos históricos, lo importante es cómo hemos logrado cambiar la cultura e impactar realmente a la gente. Como se ha curado la desidia institucionalizada que existía, se han transparentado los procesos, se han desmontado la burocracia redundante y la indolencia; como se han eliminado los riesgos de corrupción, se ha instaurado una cultura de trabajo honesto y a tiempo, de atención personalizada al ciudadano, una política de puertas abiertas, de diálogo y de conversación.

Así nos encontramos un año después. Orgullosos del trabajo que hemos hecho para rescatar a sectores olvidados como el de la Gastronomía y las Zonas Francas. Orgullosos del cambio de cultura en la forma en la cual se relaciona el Estado con los ciudadanos y los empleados públicos con su lugar de trabajo. Orgullosos de que en tan solo el primer año ya hemos logrado detener el proceso de descomposición en que se encontraban nuestras instituciones, y fomentar desde dentro un cambio real que permita que de aquí en futuro el Estado dominicano funcione para lo que tiene que funcionar, para servir a los ciudadanos, para promover el fortalecimiento de la industria y el comercio, y para garantizar que las reglas del juego sean iguales para todos.