EL GRAN ESTADISTA NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Dicta la prudencia que todo Gran Estadista ha de reconocer en el firmamento los tintes dorados del ocaso y empezar el camino que lo lleve a disfrutar de los dulces vientos de la posteridad bajo su propia higuera, o en el caso tropical bajo su propio tamarindo. Compartiendo desde allí, la sabiduría adquirida en el ejercicio del poder a las nuevas generaciones, que ávidas de guía buscarán el consejo de sus mayores para evitar cometer los mismos errores que estos cometieron en su quehacer profesional, moviendo así a la sociedad hacia un mejor mañana.

Pero la prudencia, como madre de todas las virtudes, solo puede florecer en aquellos corazones que a fuerza de trabajo y sacrificio han arado los surcos de la fortitud ética y moral a lo largo de toda una vida. Lo cual, aun cuando ha sido jefe de Estado en tres ocasiones, es difícil de esperar de quien nunca ha tenido que dignificar su vida a través del trabajo pero que de alguna manera, en sus propias palabras, nunca le ha faltado el dinero.

Es difícil esperar prudencia de un Gran Estadista que habla de una obra incompleta luego de haber ostentado el poder por tres ocasiones en un plazo de dieciséis años, y que ha visto a su partido gobernar por veinte de los últimos veintiséis años.  Pero tal vez es que su obra es como la roca de Sísifo, una gran faena de futilidad y repetición que está condenada a encontrarse siempre incompleta. Siempre a la espera de que él, que en su egocentrismo infinito se ve aún como un Titán destronado a punto de retornar a su trono divino, empuje la roca una vez más hacia la cima con la esperanza de que esta vez no caiga inevitablemente hacia el abismo, como lo ha hecho cada vez que ha abandonado el poder.

Porque es revelador de un Gran Estadista de tan larga data que luego de haber gobernado de manera personal por doce largos años y a través de su partido por un total de veinte, el único dato relevante que pueda ser rescatado de su obra inacabada es la consagración de la mediocridad como punto determinante de la ejecución de su tan grandilocuente discurso. Ha sido, sin la menor duda, el padre de la corrupción más despiadada que se ha cernido sobre las estructuras de poder de nuestra república y el catalizador de la propagación generalizada de lo que Alain Deneault llama el proletariado con dinero. Una clase socioeconómica dependiente y sometida por sus supuestos liberadores quienes de manera sistemática le denegaron el derecho más fundamental, el de la libertad de toma de decisiones que se desprende de la independencia económica.

Entonces llama a la atención y a la curiosidad, qué se puede hacer en cuatro años más que no se haya podido lograr en los primero doce o en los veinte colectivos. Además de continuar creando una clase media de papel que sea dependiente del Estado y que se encuentre subordinada a los deseos clientelares de generación de pobreza que han sido la norma en las gestiones del Gran Estadista y su otrora querido colaborador, hoy declarado contrincante.

O es acaso que el Gran Estadista en sus afanes por continuar emulando a los otros Grandes Estadistas que le precedieron como Báez, Santana, Lilís y Trujillo, busca imponer su voluntad una vez más para ver si al redondear las dos décadas de gobernanza podrá finalmente dar por terminada su obra.

Aunque es poco probable que su hambre se dé por satisfecha, ya que es síntoma muy claro de ese gran vacío que yace en aquellos hombres que, a falta de una base de formación fundamentada en principios honorables y justos, han tenido que perseguir el poder como vía de imposición de su voluntad y entienden que el servicio público no es más que el camino para imponer en los ciudadanos desprevenidos la servidumbre pública.

Pero mientras su hijo jugaba Polo, como el famoso hijo de aquel otro Gran Estadista, la sociedad se iba sumiendo en el sopor de la complacencia que surge del cansancio de ver las esperanzas una vez puestas en una liberación altamente cacareada por el promotor de una dictadura con apoyo popular, en un sistema de dependencia y opresión solo comparable con los peores momentos del clientelismo servil que arroparon a Europa durante diez siglos.

Señor Gran Estadista, yo sé que dentro de su cabal de sicofantes edulcorantes no puede encontrar a nadie que le escriba de manera veraz, indicándole que ya es hora de abandonar sus aspiraciones mesiánicas y dedicarse a una vida académica y política distinta. Que su momento histórico ya ha pasado y que a partir del 16 de agosto del 2020 se inició una nueva etapa en la República Dominicana, una en la cual los paradigmas de integración social, de dinamización de las fuerzas creativas latentes y de construcción de independencia económica han sido replanteados con la misión clara de proveerle a la sociedad las herramientas para que pueda lograr esta mencionada independencia.

En fin, sé que ninguno de los miembros de su manada le dirá nada de esto al momento que le llaman líder, mesías y cuantos epítetos altisonantes e hiperbólicos sus ansias de comer migajas los lleven a promulgar. Por eso hoy le escribo yo hoy, Gran Estadista, para que en el futuro cuando la historia se torne de manera irreversible contra usted por haber abusado de la paciencia de las Moiras, no pueda decir que nunca tuvo quien le escribiera.

Artículo publicado en Acento.com.do

LA REORGANIZACIÓN DE LOS SISTEMAS INTERNACIONALES Y LA CRISIS RUSO-UCRANIANA.

En marzo de 1936, las tropas militares alemanas marcharon hacia Renania retomando y remilitarizando aquella zona que, como parte del Tratado de Paz de Versalles de 1919, luego refrendado en el Tratado de Locarno de 1925, había sido ideada como una zona libre del control militar alemán.  Este paso, al igual que el cese de los pagos de las “reparaciones” impuestas por los aliados, fue la primera estocada al disfuncional Sistema Internacional creado en la víspera de la Primera Guerra Mundial. Este sistema, apuntalado sobre el endeble precursor de las Naciones Unidas, se enfocó en la desarticulación y contención de Alemania. Siguiendo los principios generales de la política de Richelieu de limitar el poder germano a toda costa, se establecieron una serie de medidas que buscaban reducir su capacidad de accionar, sin tomar en cuenta las realidades históricas que habían llevado a la existencia de esta y obviando la legitimidad de algunos de los reclamos que esta pudiese tener.

Como era de esperarse, un sistema que, en su génesis nació para castigar y contener, fue desafiado por las ideologías reaccionarias del momento, sumergiendo a Europa en un conflicto bélico sin comparación alguna en la larga y violenta historia de occidente.

De las cenizas y los escombros de la Segunda Guerra Mundial surgieron dos sistemas paralelos; el idealista multilateral encumbrado en la existencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el de la realpolitk bilateral que enfrentaba a los Estados Unidos (EE. UU.) y a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Aún cuando el sistema de la ONU ha logrado establecer una serie de mecanismos que han facilitado la inclusión de la mayoría de los países al concierto de naciones, el modelo que en última instancia terminó siendo más determinante fue el bilateral que tuvo como escenarios alternos a todas aquellas naciones que se vieron influenciadas por uno y otro bloque.

Con la disolución de la URSS y el inicio del “momento unipolar” de los EE. UU., la complacencia arropó a un occidente que olvidó las lecciones históricas, que creyó que los Sistemas Internacionales eran cosas del pasado y que los reclamos revisionistas de las potencias (re)emergentes podían ser apaciguados por el brillo enceguecedor del triunfo de occidente.

Pero a las sombras del momento unipolar se encontraba una China que aún recordaba las humillaciones de los últimos tres siglos y que nunca tuvo ni voz ni voto en la configuración del Sistema Internacional; y una Rusia que, postrada, nunca aceptó la disolución no solo de la URSS, si no de todo el sistema de esferas de influencia y zonas dependientes que había venido construyendo desde la expansión hacia occidente que inició con Pedro el Grande hace ya casi cuatro siglos.  

Y es sobre esto que se desarrolla la crisis más reciente de Europa Oriental, en el reclamo de una Rusia que sí actúa en consecuencia de las realidades de los Sistemas Internacionales y que ve como una alianza estratégica de defensa colectiva (la OTAN) se va atrincherando en aquellas zonas que por más de trescientos años han sido, de manera natural, parte de su esfera de influencia. Del otro lado nos encontramos con una Europa dependiente y avejentada que ha renunciado a participar en el Sistema Internacional al verse protegida por la sombrilla imperial de los EE. UU., los cuales han despertado en el último lustro a la realidad de que su “hegemonía” está siendo desafiada tanto por la impetuosidad de los reclamos de las otras potencias, como por la desidia de una Europa que le ha dado la espalda a su justo lugar en el Sistema.

Es así, como vemos que un conflicto que a todas luces tiene una salida diplomática, se ha elevado al punto de conflicto bélico, todo por la tozudez de los actores diplomáticos que confunden el idealismo aspiracional de la teoría multilateral de organización internacional, con la cruda realidad práctica de la implementación de medidas pragmáticas que los reajustes de Sistemas Internacionales requieren.

De no tomarse medidas contundentes, a favor o en contra de los reclamos que empujan a la reorganización del sistema en esta nueva crisis, se estará abonando el terreno para que a corto o mediano plazo las fuerzas reaccionarias que de vez en vez asoman sus cabezas en aquellas naciones que sienten que sus reclamos no son justamente atendidos en el Sistema Internacional de turno, arrastren a todo occidente a una nueva guerra mundial de la cual, tal vez, no se puedan recuperar.

“CARAJITA”: Una ventana a la descomposición moral de nuestra sociedad.

La vida política inicia con una visión crítica de la sociedad en la cual uno existe. Es deber de cada ciudadano ejercer su capacidad de participar en la vida política de su país, para así poder iniciar el proceso de cambiar aquellas cosas que, luego de una evaluación crítica, entiende que debiesen ser de otra manera.

Y es precisamente esto lo que Ulla Prida hace con su película “Carajita”, poner la lupa sobre una sociedad que a lo largo de las últimas dos décadas presenció un colapso moral de impacto aún no cuantificado. En esta obra dominicana, que en la superficie trata sobre la relación asimétrica que se genera entre una “sirvienta” Yari (Magnolia Núñez) y la niña de la casa Sara (Cecile Van Welie), podemos identificar traumas históricos que han venido afectando los cimientos de una sociedad que ha aumentado su poder adquisitivo a costa de sacrificar las costumbres que le han dado su carácter.

Con Las Terrenas como trasfondo, vemos desarrollarse una historia de amor filial entre Yari y Sara, que es llevada al punto de quiebre cuando un accidente se interpone entre ellas. La actuación de Magnolia y de Cecile proyectan de manera excepcional los sentimientos que van aflorando y la relación entre ambas, capturando la esencia de sus particulares posiciones de manera espectacular.

Pero es en el andamiaje de esta obra donde podemos ver la crítica que la guionista quiere proyectar. Es la corrupción política que ha empujado a la familia a emigrar a Las Terrenas, es la participación de aquellos entes que durante dos décadas se enseñorearon sobre una sociedad que languidecía a sus pies. Así, vemos al “Diputado” participando en las fiestas del personaje que se encuentra retirado del ojo público por miedo a ser perseguido por actos de corrupción. Lo vemos en la reunión de “amigos” en las cuales comparten videos sexuales sobre las hazañas de sus intercambios de parejas, lo vemos en las fiestas desbocadas de los jóvenes, en el encubrimiento de crímenes, en la actitud de encontrarse por encima del bien y del mal, de las consecuencias.

Una actitud rayana en la psicopatía, como cuando uno de los personajes confiesa que al ver como un niño fallecía luego de cumplir sus órdenes, este simplemente se retiró a su habitación a estudiar, dejando al niño con la cabeza abierta en el patio de su casa.

Es en los detalles que se encuentra la riqueza de esta película que trae al frente lo que ya todos sospechábamos y que lentamente hemos ido descubriendo; que durante dos décadas la corrupción no fue solamente política y económica si no también, y tal vez mucho peor, moral.

Pero, no obstante, este tipo de obras sirven como punto de partida para empezar el camino de la absolución y trabajar de manera concertada en subsanar el alma de una nación, para que en el futuro el desenlace de “Carajita” sea solo el de una obra de ficción, y no el fiel reflejo de una sociedad moralmente devastada.

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La llegada del Dragón

En la noche del 9 de noviembre de 1989, con la caída del Muro de Berlín, inició el réquiem del primer Sistema Internacional de Superpotencias de la historia. Uno que, durante más de 40 años, había mantenido al mundo dividido en dos esferas de poder que extendían su influencia a todos los rincones del planeta, definiendo las políticas públicas y privadas de dos generaciones y alterando la concepción de balanza de poder que, hasta entonces, había servido de guía al momento de tomar decisiones en la esfera internacional.

Al iniciarse la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), los Estados Unidos se encontraron por un breve momento secuestrados en el optimismo de un mundo que por fin había superado las políticas internacionales de los Sistemas. Un mundo que, abanderado por los ideales de democracia, libertad y la universalidad de los derechos humanos, había dejado atrás aquellas políticas tradicionales de poder, del juego de suma cero.

Es en este trance de la victoria que surgen los llamados de Fukuyama a ponerle un punto final a la historia e iniciar un nuevo capítulo que fuese más allá de las balanzas de poder. Es aquí mismo que Joseph Nye acuña su concepto de Poder Blando, una forma diferente de proyectar el poder de la única superpotencia que quedaba en el mundo. Bajo éste, el poder debía de proyectarse bajo el manto de la sugerencia, la atracción y la seducción. Por medio de la influencia suave proyectada como un modelo aspiracional, se podía regentear un sistema internacional nuevo, basado en los principios occidentales que habían derrotado a la URSS, y que por ende habían cimentado su superioridad.

Fue en este momento clave, en la encrucijada histórica creada por el momento unipolar de los Estados Unidos, que arreció la política de acomodamiento hacia la República Popular China (RPC). Una política que se fundamentaba en esa concepción de inevitabilidad del éxito del poder blando americano que desembocaría en la aceptación de los valores occidentales de libertad, democracia, derechos humanos e interconectividad comercial. Esta política de Estado fue continuada por las próximas cuatro administraciones, permitiendo de esta manera que la RPC creciera y se integrara a una comunidad internacional que le fue abriendo las puertas contando con la esperanza de que la historia había terminado, y de que en cualquier momento la RPC asumiría los ideales occidentales como suyos.

Pero mientras los Estados Unidos dormía el sueño de los justos, los otros actores del sistema internacional ajustaban sus tácticas e inventaban nuevas formas de participar en el juego de las naciones. Unos aprendieron a golpear desde las sombras, asimétricamente, continuando con prácticas perfeccionadas durante cuatro décadas de Guerra Fría. Otros, aprovecharon la laxitud de un Occidente embriagado de victoria, para comprar su tiempo, fortalecer sus posiciones y alcanzar el lugar de primacía que siempre ha creído que merece.

El momento unipolar fue desperdiciado en fantasías liberales de la universalidad de los valores occidentales y la bondad inherente de las naciones. De esta manera, iniciativas que tanto habían ayudado a que regiones como Latinoamérica y el Caribe (LAC) empezaran un proceso de desarrollo y crecimiento sostenido, fueron abandonadas. Este abandono permitió el auge de movimientos autoritarios y populistas que desestabilizaron la región y promovieron el aumento de la corrupción, el narcotráfico, la pérdida de confianza en las instituciones democráticas y el lento avance de actores que una vez más veían a LAC tan solo como un tablero en el cual desarrollar sus movidas estratégicas en busca de ganar mayor poder en el juego de naciones.

Con la victoria vino la desidia, y con esta se generó un vacío de poder. Es gracias a este vacío de poder que la RPC logró posicionarse como protagonista de la segunda iteración del Sistema Internacional de Superpotencias. Así, ha logrado expandir su influencia en la región de LAC de una manera alarmante, aumentando sus inversiones y apropiándose, de manera subrepticia, de aquellos sectores estratégicos que tienen la potencialidad de convertirse en potentes armas de disuasión al momento en que los intereses de la RPC así lo requieran.

Solo hay que ver los números para tener una idea del alcance de la estrategia de la RPC en la región. Según el estudio de la CEPAL, “La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe • 2021”, solo en fusiones y adquisiciones sin tomar en consideración inversiones de otro tipo, en América Latina y el Caribe entre 2010 y 2020 la RPC invirtió 74,524 millones de dólares. Estos se encuentran divididos en 29,817 millones de dólares estadounidenses en los sectores de electricidad, gas y agua; 23,091 millones de dólares en los sectores de petróleo y gas; 12,635 millones de dólares en el sector minería; 5,166 millones de dólares en el sector manufactura; 1,945 millones de dólares en los sectores de transporte y almacenamiento; y 1,870 millones de dólares en los sectores de agricultura, ganado, silvicultura y pescadería.

Como se puede ver, la mayoría de las inversiones fueron destinadas a los sectores de minería, energía e infraestructura de transporte, posicionando a la RPC como un actor de importancia en el control de sectores estratégicos de los países de la región. Entre 2005 y 2019 la RPC fue el segundo mayor inversionista vía fusiones y adquisiciones, quedando detrás solo de los Estados Unidos. Pero para el 2020 alcanzó el primer lugar, seguido de España y Canadá.

Estas inversiones fueron acompañadas de una visión clara de posicionamiento tecnológico, siendo el 24% de las inversiones de fusiones y adquisiciones entre 2005 y 2019, destinadas al sector de las telecomunicaciones y el internet.

Además de esta estrategia, se encuentra la de los contratos de construcciones y los préstamos. En el marco de esta se destinaron 49 mil millones de dólares en 37 proyectos relacionados a energía y 25 mil millones de dólares en 34 proyectos de infraestructura (carreteras, aeropuertos y puertos). Es pertinente mencionar que, según el mismo estudio de la CEPAL, al año 2020 la RPC es el mayor acreedor bilateral del mundo, superando en sus flujos de capital a instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Los vacíos de poder no son sostenibles y eventualmente son ocupados por aquellos que tienen tanto la disposición como la capacidad de llenarlos. La falta de una estrategia clara hacia la región de América Latina y el Caribe ha permitido que, en la última década, una de las de mayor crecimiento económico de la región, la influencia de los Estados Unidos se haya visto socavada por la influencia de China.

No podemos cometer el mismo error que se cometió hace ya 30 años. La realpolitik dicta que se tomen las medidas necesarias para prevenir el avance de una Superpotencia lejana, una que posee un ethos distinto, además de valores y principios que nos son ajenos a nivel metacultural. Este es el momento en el cual la región debe de cohesionarse y trabajar en conjunto para resistir la llegada del dragón, protegiendo aquellos sectores estratégicos de importancia, y buscando fuentes alternativas de financiamiento que no dependan directamente de la RPC.

Es también necesario que desde los Estados Unidos se establezca una política clara y definida para promover la prosperidad, la inversión y el desarrollo de la región. Por medio de acuerdos comerciales justos, de acceso a financiamiento de proyectos, de inversión y de la promoción del establecimiento de industrias estadounidenses en la región se limitará el alance de la influencia de la RPC y se permitirá que los Estados se empoderen y se conviertan en aliados estratégicos de los Estados Unidos y de Europa en esta segunda iteración del Sistema de Superpotencias, en lugar de verse sometidos a ser peones cautivos de la República Popular China.

Publicado en Acento el miércoles 3 de noviembre de 2021.

Maldad líquida y las trampas del discurso político

En su libro Maldad Líquida, Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis conceptualizan y discuten sobre la ambigüedad del mal en la actualidad. Luego de la caída de ese gran antagonista para occidente que representó la Unión Soviética, no ha quedado un gran enemigo sobre el cual decantar todos nuestros miedos, inseguridades y fracasos. Esto tiene como consecuencia, que al desmontarse todo el andamiaje mitológico sobre el cual se cimentaba la lucha entre “bien” y “mal” que representaban occidente/democracias liberales versus la URSS/comunismo, solo nos queda la lucha terrible contra nosotros mismos.

Es aquí, en esa lucha contra nosotros mismos, donde entiendo que queda patente de manera más clara la liquidez, lo amorfo del mal moderno. Vivimos en una sociedad “ilustrada”, en la cual la mayoría de los individuos cuentan con algún grado de “educación”. Una educación que fue comercializada como el prerrequisito del conocimiento y el entendimiento de las cosas, pero que en la realidad solo ha logrado generar la terrible convicción de que todo aquel que sea capaz de formular una idea es dueño de la verdad, y que todo aquello que no se entienda pertenece al reino de la mentira.

Una realidad mucho más terrible en el día de hoy, cuando asumimos la complejidad de la mayoría de las cosas que nos rodean, desde el dispositivo electrónico en el cuál se está escribiendo este texto, hasta los procesos económicos y comerciales que hacen posible el consumo de uno y otro bien cualquiera.

Hoy, nos encontramos atrapados por ese anti-intelectualismo del que Asimov se quejaba ya hace 40 años en su ensayo Un culto a la ignorancia: <<…existe una falsa noción de que la democracia significa que “mi ignorancia es tan buena y válida como tu conocimiento.”>> Una falsa noción que se ha ido haciendo mucho más injuriosa a medida que han ido pasando los años y los reclamos se han alejado de la satisfacción de las necesidades básicas para la supervivencia.

Así nos encontramos que, al proyectar los principios de democracia política, en la cual la voz/voto de un ciudadano tiene el mismo valor que la de otro sin importar color, raza, riqueza, propiedad, etcétera; hacia el campo de la intelectualidad, se genera una creencia de que la opinión de un ciudadano tiene el mismo peso que el conocimiento de otro. Así nos encontramos a ingenieros opinando sobre temas médicos, abogados sobre temas pedagógicos, arquitectos sobre temas económicos, y a todos absolutamente indignados cuando sus opiniones no informadas son rechazadas por los expertos.

Pero esta equiparación de democracia política con competencia profesional tiene un componente mucho más peligroso que la negación a vacunarse o la muy tonta creencia de que el usuario sabe más que el profesional de su campo. Lo más peligroso, para la cohesión social moderna, es el cómo esta tergiversación de la verdad, esta liquidez del mal ha encontrado su camino al discurso político.

El fin último de la política es gerenciar la cosa pública en función de las convicciones particulares que un grupo tiene sobre como esta gerencia beneficiaría mejor a toda la sociedad. Dentro del ir y venir de representantes, los diferentes grupos van logrando que sus reclamos personales sean validados por la gran mayoría de la sociedad, logrando tolerancia y respeto para los reclamos de estos diferentes grupos. Así, obligados a tener que convivir con las diferentes expresiones de la sociedad, y teniendo que encontrar consensos entre las mismas para poder mantener a la sociedad funcionando de manera regular, se van dando los procesos de generación progresiva de cambio que repercuten en el mayor beneficio posible para los integrantes de la sociedad.

Pero, en el momento en que los distintos representantes de grupos asumen un lenguaje de otredad, generando un discurso de demonización de todo aquel que “no ve” o “no entiende” lo “evidente” de sus reclamos; cuando todo aquel que no está de acuerdo con lo que “yo digo” y se convierte en una larga lista de epítetos descalificativos, en el momento en que deconstruimos al otro y lo convertimos en la personificación de “todo lo que está mal con nuestra sociedad”, nos encontramos a un populista carismático para que inicien los pogromos en nuestra sociedad.

La “educación” ha convencido a algunos de que son los propietarios de la verdad absoluta. La tecnificación les ha hecho creer que al saber mucho sobre un tema en específico tienen las herramientas para poder entender todos los temas de la humanidad. La experiencia humana, egoísta y absolutamente personal de cada uno nosotros, ha llevado a algunos otros a creer, como un acto de fe, que su verdad es la única verdad que tiene validez. Y a partir de esta creencia, a partir de este “saber que tengo la razón”, inician ataques contra otros seres humanos, inician marchas, contramarchas, rumores, campañas de desinformación, que no tienen ningún otro objetivo que socavar los débiles fundamentos que mantienen a la sociedad unida.

Esto se ve empeorado, cuando quienes inician este tipo de acciones son aquellos que durante tanto tiempo han sido considerados, por aliados y opositores, como ejemplos de intelectualismo y sobriedad académica. Es especialmente triste ver como en el discurso político la oposición, que tan saludable es para la estabilidad democrática, se ve reducida a vacuas tergiversaciones de datos por aquellos que ya han tenido el honor de ocupar las más altas posiciones de poder y que se rehúsan a ceder el paso a nuevas generaciones. Obstinados adictos al poder, que no saben guiar desde atrás y que, en vez de utilizar su experiencia y conocimiento para servir como inspiración de una nueva generación, se ven condenados a repetir una vez más la historia; esta vez ya no como tragedia, si no como una farsa.

Así mismo se van desbocando aquellos neojacobinos que reclaman derechos y oportunidades de una sociedad que aún no se encuentra lista para entenderlos. Y a fuerza de rechazo y falta de comprensión de como la sociedad no comulga con su “tan evidente posición”, se irán radicalizando, irán aumentando la violencia de su discurso, verán como quienes se le oponen aumentan también su virulencia, alimentando las filas de los extremos, de un monstruo que hoy se encuentra en sus ciernes, pero que de continuar por ese camino de la demonización del otro, de la deshumanización de las realidades de la sociedad en la cual existen, crecerá hasta consumirlos no solo a ellos, si  no a todo aquello que ellos tanto desean.

El principal peligro de la liquidez de la maldad es que convierte a la sociedad en un todos contra todos. Se pierde la confianza y el respeto a las jerarquías de poder, pero no se proponen nuevas estructuras. Caminamos, dándole la espalda a toda la historia humana, hacia un suicidio colectivo fundamentado en el nihilismo y el relativismo.  Discutiendo acaloradamente sobre letras y palabras, mientras ignoramos que solo a través del consenso, la concordia, el respeto mutuo y el fortalecimiento de las instituciones se pueden evitar las trampas que la difusión del mal nos presenta en la modernidad.  

Artículo publicado en Acento.com el jueves 27 de agosto de 2021

A review of The Anthropocene Reviewed

I met John Green back in 2012, when I recently started teaching Social Studies to middle schoolers. And when I say that I met him, I meant that I found his Crash Course channel on YouTube and was immediately fascinated by how accessible it was, and how it led to dig deeper in some of the important issues. For me it served a dual purpose, it helped me reach the students in an interactive way by implementing inverted classroom strategies, and it helped them get a better hang of the English language that they were all struggling to get. And so, for a time, John Green was my teacher´s assitant, and for a time everything was good.

Later, in 2013 I was working on a project with Patrick Golding. We were working in a couple of projects to be honest, but this one in particular was kind of an excersise more than a proper project. We started working on a story and the premise was that each one of us would write a page, and then sent the document to the other to continue the story and write a page, and so on until the story was finished. There were only two conditions, that whoever started the story couldn’t finish it and that the story was going to follow a guy named Achilles. In that process, who is today my wife gave me the book Will Grayson/Will Grayson, by John Green. So once again John Green knocked on my door with a topical hand to help. This time showing me how two writers can work together on a single project. And even though the story that Patrick and I were writing grew up to become a novella, it has never been publiched. Until now!!… no, I’m kidding, that thing is not seeing the light of day.

Fast forward to 2021. We are in the middle (end?) of a pandemic and I am one day flipping thru Tik Tok and I see John Green signing random sheets of paper. Curiosity strikes and I find out that a new book is coming out, The Anthropocene Review. We bought the signed copy because why wouldn´t we want to; and while reading, thanks to the familiar and intimate way in which John Green writes it, and due to the fact that with the passage of the years the idea of him has become part of that mythological pantheon that has grown with us in the past decade and a half as citizens of the internet, I find that the book is a perfect reflection on what life has become to a lot of us.

The book follows a series of seemingly random topics that are reviewed, and thru the review theres a very personal reflection on how it reflects upon us as human in this, our very own time. The tone is conversational and intimate, sharing with us his fears, his faults, and his worries, but ultimately his hope that humanity is much more than what it is at its worse. For this he uses the now standard method of rating based on 5 stars that makes so little sense, and yet all the sense in our world.

The Anthropocece Review is in essence a series of essays. Of very personal essays coated with some historical and factual information, but with a very personal touch that make us feel more human at the end of it. At moments it feels like a hug, like a ray of sunshine or like a cup of morning coffee. At others it makes you feel that you want to give John Green a hug, under a ray of sunshine, while offering him a cup of morning coffe.

I give The Anthropocene Review 4 stars and I give John Green 5 stars.

-Un año después-

Al terminar el primer año, debemos mirar atrás y repasar cuánto hemos podido realmente avanzar en este proyecto que iniciamos juntos. Pasar balance es siempre un ejercicio necesario, uno que incluye una crítica dura sobre los esfuerzos y el trabajo que se han hecho, a nivel individual y de equipo, tomando como punto de medición el estado de las cosas desde donde se ha iniciado este recorrido.

Pero sería injusto, a mi parecer, tomar como punto de partida el estado de las cosas que encontramos el 16 de agosto de 2020. En ese momento un régimen de 16 años yacía moribundo en los escombros del naufragio estelar causado por su propia desmesura. Y aquellos indolentes que en algún momento debieron estar atentos al timón, navegando hacia a un puerto seguro con la finalidad de entregar sanos y salvos, tanto a la nave del Estado como a sus tripulantes, hacía rato que habían abandonado a una y a los otros a la suerte de sus oraciones.

Fue así como llegamos a tomar posesión de una nave encallada y haciéndose aguas. Donde la gran mayoría de los empleados no sabía dónde trabajaban ni cuáles eran sus funciones, donde muchos otros se encontraban boicoteando nuestra llegada y donde otros ni siquiera conocían a algunas de las autoridades salientes… a sus jefes.

Encontramos un edificio que aun siendo nuevo tenía derrames de agua en el lobby, las paredes sin pintar, toma corrientes abiertos y sin protección, sillas nuevas pero destruidas, escritorios recostados sobre archivos, aires acondicionados que no funcionaban, ventanas rotas, procedimientos redundantes y un personal desmoralizado.  

Nos encontramos con un ministerio al cual se le había robado su razón de ser, su volición; convirtiéndolo en un ejemplo de libro de texto de los vicios y riesgos que la sobre burocratización de los procesos genera, siempre en perjuicio de los usuarios finales de todos los servicios del Estado, el ciudadano. Porque a final de cuentas es siempre el ciudadano el que sale perdiendo cuando los procesos han sido complejizados y oscurecidos con la sola finalidad de generar contratiempos y abrirle la puerta a las arpías rastreras que se aprovechan de los deseos legítimos del dominicano de “echar pa’lante”. Porque si hay algo que el dominicano ha hecho desde siempre es amanecer cada día con la fe y la esperanza de que las cosas van a cambiar, tienen que cambiar, y que todo irá para mejor.

Y es por esto por lo que es tan importante el hacer balance un año después. Para saber qué tan bien lo hemos logrado, qué tanto hemos podido revertir la entropía que se había vuelto parte del ADN de nuestro Estado. Y esto lo tenemos que realizar no solo desde la parte de cifras y logros, los cuales son evidentemente impresionantes como que el MICM certificó entre septiembre 2020 y julio 2021 más Mipymes que en los 4 años anteriores, o que promovió la apertura de 71 Zonas Francas, o la generación de más de 10 mil nuevos empleos, inversiones de más de 10,500 millones de pesos, o que desde las Zonas Francas lograron exportar más 1,000 millones de dólares en un solo mes, o que el ministerio fue certificado en ISO 9001:20015; o cualquier de los otros hitos históricos que se han alcanzado bajo la administración del ministro Ito Bisonó.

Pero no es en eso en lo que nos debemos de enfocar. Al final lo importante no son las cifras ni los hitos históricos, lo importante es cómo hemos logrado cambiar la cultura e impactar realmente a la gente. Como se ha curado la desidia institucionalizada que existía, se han transparentado los procesos, se han desmontado la burocracia redundante y la indolencia; como se han eliminado los riesgos de corrupción, se ha instaurado una cultura de trabajo honesto y a tiempo, de atención personalizada al ciudadano, una política de puertas abiertas, de diálogo y de conversación.

Así nos encontramos un año después. Orgullosos del trabajo que hemos hecho para rescatar a sectores olvidados como el de la Gastronomía y las Zonas Francas. Orgullosos del cambio de cultura en la forma en la cual se relaciona el Estado con los ciudadanos y los empleados públicos con su lugar de trabajo. Orgullosos de que en tan solo el primer año ya hemos logrado detener el proceso de descomposición en que se encontraban nuestras instituciones, y fomentar desde dentro un cambio real que permita que de aquí en futuro el Estado dominicano funcione para lo que tiene que funcionar, para servir a los ciudadanos, para promover el fortalecimiento de la industria y el comercio, y para garantizar que las reglas del juego sean iguales para todos.

El futuro digital de la República Dominicana

En días recientes fue noticia en las redes sociales la socialización de una cláusula de una telefónica local, en la cual se establecía el límite de consumo aceptable para una residencia, o negocio, en 200GB de data al mes (o 2.6 horas de películas o videos al día, dos actualizaciones de juegos de consola al mes o 7 horas de clases por video llamada al día). Ante el clamor que se desató en las redes, la telefónica en cuestión aclaró que este límite en realidad era de 2,000GB y aclaraban que no cancelarían ni suspenderían el servicio de ningún cliente, siempre que su uso fuese adecuado y autorizado. Para los conocedores del tema resultaba evidente que la medida de limitación de la data iba dirigida a la reventa informal de acceso a los servicios de data que se puede dar en algunas comunidades. Pero es también evidente que este tema ha sido manejado de manera muy pobre y puede generar malentendidos ante posibles inversionistas extranjeros.  

Independientemente del manejo mercadológico que haya tenido, o pueda tener, esta o cualquier otra telefónica, la pregunta que queda pendiente es, ¿cuenta la República Dominicana con la estructura tecnológica para ser competitiva en el siglo XXI?

En resumen, la respuesta es un rotundo no.

Según estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), República Dominicana cuenta con importantes restricciones en el acceso al internet debido a la limitada asignación de espectro y del despliegue de infraestructura digital, además de contar con un bajo nivel de habilidades digitales en el país y una importante brecha de género.

Estas restricciones se hacen más evidentes al analizar las estadísticas de alcance de cobertura. Según el INDOTEL, en la actualidad el 95% del país no tiene cobertura fija o es de poca capacidad, y la penetración de banda ancha solo alcanza a un 7% de la población. Estos datos nos presentan de manera clara el estado abismal en el cual se encuentra la República Dominicana en lo relativo a la competitividad digital.

En una sociedad global que cada día más se desarrolla sobre la base del acceso al internet, la rapidez y seguridad de las comunicaciones, nuestro país se encuentra muy limitado. Muestra clara de esto fue lo traumático que fue para muchas familias la transición al teletrabajo, o a la teleeducación, durante este último año de confinamiento. Luego de casi dos décadas de inversión en la “digitalización del país”, la pasada administración demostró su poca preparación para poder desplegar de manera exitosa una estrategia que facilitara la transición para millones de dominicanos que se vieron, de la noche a la mañana, confinados y sin las habilidades ni herramientas para poder transferir su quehacer económico o académico al mundo digital.

Para poder aumentar la competitividad de la República Dominicana, tanto a nivel exterior como a nivel local, se deben de tomar una serie de medidas que en estos momentos limitan la capacidad de todo el sector.

Para empezar, se debe iniciar un desmonte del 30% de impuestos que acompañan a unos servicios que en la actualidad deben de ser considerados esenciales. Estos impuestos, más otros que son aplicados a las compañías que participan en el manejo, almacenamiento y transmisión de data, limitan la capacidad de adquisición de servicios de alta velocidad para la mayoría de los dominicanos. Estos impuestos encarecen de manera directa el acceso a los servicios, y se convierten en un obstáculo directo para muchas familias y negocios.

En una sociedad donde el 90% de los asalariados devenga menos de 30 mil pesos mensuales, dedicar el 10% del salario para poder tener acceso a internet de banda ancha representa una carga insostenible para muchas familias, y es devastador para muchos micro y pequeños negocios (MiPes). Y es específicamente en el sector de las MiPes donde se nota mayormente el impacto, ya que estos se ven sin la capacidad de ingresar a una economía digital formal que les abre las puertas de un mercado de distribución que se extiende más allá de las fronteras de su pequeña localidad, potencializando las posibilidades de desarrollo y crecimiento de estos negocios.

El mercado debe de ser abierto a la inversión local y extranjera. Se deben de establecer regímenes especiales de inversión y comercialización de los productos y servicios relacionados a las telecomunicaciones y la transmisión de data, para poder estimular un rápido desarrollo de la infraestructura que pueda sostener la misión de convertir a nuestro país en un hub logístico no solo de mercancías físicas, sino también de mercancías digitales. Se tiene que estimular y promover la diversificación de la oferta, la competitividad del mercado y la mejora de la infraestructura para romper con el duopolio existente y con el estancamiento que la falta de competencia promueve.

Los periodos de crisis son oportunidades de mejora y crecimiento. Es a partir de estos donde se evidencian las mayores carencias y donde se toman las medidas para corregirlas y construir sobre estas. La República Dominicana se encuentra abocada a un proceso de cambio paradigmático sustancial. Es necesario que se tomen las medidas pertinentes de desmonte impositivo, desregulación, promoción y establecimiento de regímenes especiales, para todo lo concerniente a la transformación de la infraestructura digital de nuestro país. Esto como parte de ese cambio de visión que ha traído la nueva administración y como contraparte de apoyo y sostén a las políticas que hemos ido implementando de promoción del desarrollo de la industria, las zonas francas y las Mipymes.

Es por medio de la inversión y la diversificación de opciones laborales y del desarrollo técnico, que se garantizará una República Dominicana resiliente y próspera.

Esto es un compromiso pendiente que tenemos con las generaciones actuales, y con las que vienen. Uno que, al igual que las otras áreas de desarrollo sostenible que se están desplegando, generará empleos con una remuneración digna. Un compromiso que tiene un impacto directo en el aumento de la calidad de los productos y servicios de consumo local, y para exportación; pero mucho más importante es el impacto directo que esto tendrá en un aumento significativo de la calidad de vida de los dominicanos. Y al final, esta es nuestra única misión.  

Cambio de paradigma: De una economía extractiva a una economía creativa

Este artículo fue publicado en el diario digital Acento.com el jueves 10 de junio.

A lo largo de los últimos 16 años, la República Dominicana creció a niveles sin precedentes, llegando a sostener un crecimiento macroeconómico promediado de un 5.5% anual entre el 2004 y el 2019. El Producto Interno Bruto (PIB) pasó de USD$22 mil millones a USD$89 mil millones por año. El PIB per cápita, por su parte, pasó de USD$2,400 a USD$8,200.

Y aún con todo este crecimiento, con toda esa “riqueza”, la República Dominicana que recibimos en el 2020 se encontraba menos industrializada de lo que estaba a principios de los 90.  Pasando la industria de representar un 21.5% del PIB en 2004, a tan solo un 13% en 2019, cayendo a su punto más bajo en más de 30 años. Esto se refleja directamente en las exportaciones, las cuales representaban en el 2004 el 41% del PIB, mientras que en el 2019 solo representaban un 21%.

Hasta la llegada de la nueva administración, la exportación que más contribuyó al PIB de la República Dominicana fue la de los expatriados y las divisas que estos envían desde el exterior, representando en el 2020 el 13.7% del PIB.

Aun con 16 años de crecimiento sostenido, la República Dominicana se ha convertido en un país con una economía dependiente de la importación para poder subsistir. La importación de divisas, la importación de turistas, la importación de servicios y la importación de bienes.

Y aun cuando es evidente el valor que tiene la economía del turismo y todo lo positivo que esta pueda traer consigo; Es también evidente que esta no puede constituir un pilar fundamental del cual dependa nuestra economía. Para un país como el nuestro, el turismo debe de ser un complemento, otra pieza más del gran puzzle económico que enriquece y ofrece oportunidades. Ya que como sigue demostrando la pandemia, el que vengan o no turistas no depende de nosotros.

De igual manera se encuentran las divisas que envían los dominicanos en el exterior. Estas son una de las mayores muestras de amor y preocupación filial que pueden existir. Aquellos que no pueden estar físicamente, se manifiestan de manera económica para acortar las distancias entre la vida digna y la pobreza, que 16 años de falta de planificación han generado. A falta de propuestas económicas funcionales, los dominicanos ausentes han tenido que contribuir a sostener a este país desde el exterior. Y aún cuando esto siempre ha sido agradecido, no es sostenible y no debería de ser necesario.

La República Dominicana se enfrenta, en estos momentos, a un cambio de paradigma como en ningún otro momento de su historia. Un cambio que la lleva a enfrentarse a la pregunta de si continuará por el camino de la explotación extractiva de recursos, bellezas naturales y la buena voluntad de sus expatriados; o si aprovechará todas las ventajas geopolíticas, económicas y culturales que la posicionan de manera envidiable en el centrode tantas oportunidades.

La creatividad y el empuje dominicano no tienen límites. Es por esto, que se están estableciendo las políticas públicas que garanticen la existencia de un mercado competitivo, ágil y dinámico. Uno que pueda responder ante las presiones internacionales y que pueda adaptarse a estas. Que sepa cambiar el rumbo cuando sea necesario, para aprovechar los vientos de la realidad internacional.

Para esto, cuatro pilares fundamentales se erigen en esta nueva administración, como cimientos de un futuro diferente.

En primer lugar, convertir a la República Dominicana en el hub logístico de las américas. Gracias a su envidiable posición geográfica, nuestro país ha estado destinado desde siempre a ser la puerta y el enlace de las américas. Como lo fue en sus inicios, Santo Domingo debe de ser el punto donde converjan todas las fuerzas económicas y creativas de la región. Convirtiéndose en el puerto de entrada y salida de la mayoría de los bienes y servicios que sean ofertados en el hemisferio.

En segundo lugar, el rescate de las industrias del país, por medio del relanzamiento de las Zonas Francas, representa otro de los pasos necesarios para garantizar el sano desarrollo de una economía creativa y de vocación exportadora. Promoviendo el establecimiento de políticas públicas favorables, se logrará capitalizar en el trabajo que se ha iniciado desde la actual administración para la atracción de aquellas empresas que buscan aprovecharse de la realidad internacional generada por la política del nearshoring. Porque si hay algo que podemos controlar en tiempos de incertidumbre global, es lo que exportamos.

En tercer lugar, el desarrollo de las infraestructuras necesarias para la implementación de estas políticas. Sin tomar en cuenta los empleos fijos que generarán cada uno de los puertos, aeropuertos y zonas francas, el mantenimiento de las redes viales que conecten a cada uno de estos lugares con sus almacenes y puntos de asignación y reasignación; el poder dinamizador que tendrá en la economía la renovación y la construcción de todas las vías terrestres, de los puertos y de las infraestructuras complementarias que permitan que estos funcionen de manera óptima y sin contratiempos, permitirá que una gran parte de la población por primera vez desde la fundación de la república pueda mirar hacia el mar como una forma legítima y duradera de elevar su calidad la vida.

Por último, el desarrollo de las estrategias y políticas públicas necesarias para explotar la infinita capacidad creativa del dominicano, y garantizar que este pueda encontrar vías de generación de oportunidades y riquezas. Acortando los tiempos de espera en los procesos que impactan en la creación y capitalización de ideas, reduciendo la burocracia, agilizando todo el aparato Estatal y eliminando aquellas redundancias que en gestiones anteriores servían para sostener a un anquilosado modelo clientelar diseñado para fomentar la miseria dependiente de dádivas y bajos sueldos que solo un Estado explotador puede generar.

En la República Dominicana del cambio de paradigmas, la institucionalidad de los procesos y las oportunidades garantizan el acceso igualitario para todos los ciudadanos que deseen promover el bienestar y el crecimiento de la república. Ya han quedado atrás los oscuros tiempos en los cuales los herederos del “profesor” convirtieron en política de Estado las costumbres más malsanas de la informalidad, el amiguismo y la explotación de las oportunidades en desmedro del bienestar de la nación. En lo adelante, la justicia, la institucionalidad y la dignidad adquirida por medio del trabajo serán el legado de un grupo de hombres y mujeres que llegamos al Estado no a mejorar nuestra calidad de vida, como era la norma en gestiones pasadas, si no a mejorar la calidad de vida de todos los dominicanos.

La situación internacional y el precio del trigo

Este artículo fue publicado en Acento.com el martes 1 de junio de 2021.

A lo largo de toda la historia occidental, desde las inescrupulosas bravuconerías de los seguidores de los Graco, hasta las atrocidades de la revolución bolchevique y las grandes hambrunas maoístas, la importancia del acceso al trigo, a un precio asequible para la sociedad, ha sido una de las necesidades primordiales de cualquier gobierno. No es por nada, que una de las grandes políticas públicas que tuvo permanencia durante la república y que continuó en el imperio romano, fue la asignación de una cuota de pan a los habitantes de la ciudad de Roma. La importancia nutritiva y social, de este artículo de primerísima necesidad, no puede ser subestimada. Toda la civilización humana se encuentra a una escasez de harina de caer en el caos societal.

Es por esto por lo que es tan importante entender cuáles son las diferentes variables que afectan el precio del trigo. Un producto indispensable para la sociedad, pero el cual no producimos.

Para esto, debemos contextualizar la realidad en la cual el mundo moderno se encuentra. Una realidad surgida a partir de la victoria del modelo liberal occidental. Un modelo que apuntaló, en el ethos colectivo de la humanidad, el valor del comercio y de la interconectividad a escala global como nunca en la historia se había conocido. Y aun cuando pudiésemos hacer símiles de momentos históricos en los cuales el comercio a escala global existía, nunca como ahora la interconectividad de los diferentes rubros fue una parte tan importante del engranaje esencial que permite que el mundo funcione.

La República Dominicana pertenece a esta red global de consumo, producción y comercialización. Pero también es cierto que, debido a la mal guiada visión económica de las pasadas gestiones, la república se ha enfocado más en el consumo extractivo que en la producción creativa.  Pero, independientemente de esto, es innegablemente parte de ese entramado global en el cual una huelga de operarios portuarios en Argentina tiene un impacto directo en el precio del aceite que se utiliza para freír los tostones o en el de la catibía que se compra en la esquina del trabajo.

En el 2019 inició la guerra comercial que el presidente Trump declaró contra China. Este hecho provocó que esta redujera sus compras de materias primas desde los Estados Unidos y que iniciara un aumento de las reservas estratégicas de trigo que mantiene. Esto ha generado que para el 2021 China haya aumentado en más del 50% su demanda de trigo. Siendo el gigante asiático, el responsable del consumo del 60% del trigo del mundo, según las últimas previsiones de la FAO.

Contribuyendo a esto, Rusia estableció, a partir de enero 2021, un arancel para la exportación de trigo. Esto, respondiendo a la presión del aumento de la demanda china en el precio de su mercado local, a la posible crisis política que pudiese generarse luego del apresamiento del opositor del gobierno Alexei Navalny y al previsible cambio de política internacional de la administración del presidente Biden.

Además de los problemas geopolíticos, el clima también ha sido un factor determinante en el alza de los precios. Argentina y Brasil vieron sus cosechas afectadas por un verano más seco de lo usual, lo cual afectó directamente la producción y retrasó la siembre de otras materias primas. Mientras que en el medio-oeste americano, la cosecha se ha visto afectada debido a un clima más frío de lo usual.

Esta realidad política internacional, se ve acompañada de la total desvirtuación de las rutas comerciales navieras. Con el desacelerón del 2020, las rutas marítimas sufrieron su mayor reducción en tráfico y tuvieron una caída de más del 4% en el volumen de la carga mercante internacional transportada. Para el 2021, se estima que habrá menos barcos de carga navegando las rutas comerciales que en el año anterior. Esto genera un aumento directo en los precios de los fletes, los cuales se han disparado en hasta un 400% de su valor prepandemia. Además, se da una reducción significativa en la capacidad real del espacio de carga, lo que provoca un alza en los precios de las materias primas al encarecer el espacio disponible para transportar las mercancías de un puerto a otro.

Todo esto afecta directamente el precio de las materias primas que son importadas a República Dominicana. El aumento histórico del precio del trigo en los mercados internacionales ha sido de hasta un 45% por encima del valor que tenía a mediados de agosto de 2020.

En respuesta a esto, el gobierno dominicano inició, desde el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, un subsidio temporal y parcial a la venta de la harina dedicada a la elaboración del llamado pan popular o pan de 5. Este subsidio, de RD$300,000,000.00 (trescientos millones de pesos), tiene como finalidad proteger de manera transitoria a las partes más vulnerables de la sociedad dominicana, de los efectos de la volatilidad del mercado internacional.

Una volatilidad que afecta más agudamente a aquellos sectores de la población que fueron reducidos a la miseria, y a la dependencia de dádivas del Estado, por las pasadas administraciones.  Las cuales, de manera organizada y concertada, generaron un estado de servidumbre en el cual se les impidió a los ciudadanos desarrollarse de manera exitosa en el sector privado, volviéndolos presas vulnerables que tuviesen que necesariamente depender del asistencialismo estatal.

Para proteger a la sociedad dominicana, de los vaivenes de un mercado internacional que reacciona al interés de las grandes potencias, tenemos que construir una sociedad fundamentada no en una relación de dependencia con el Estado, sino en la realización de su potencial creativo/disruptivo. Una sociedad que en su totalidad sea generadora de riquezas, promotora de cambios, productora de insumos para el consumo local y para la exportación.

Solo la dinamización de la economía, que no dependa del Estado, pude proteger a todos los sectores de la sociedad. Es por esto por lo que la generación de empleos privados, la apertura de nuevas industrias y parques de zonas francas, el apoyo a la creación y propagación de las Mipymes es fundamental para la existencia de una República Dominicana que deje de ser el cacicazgo de los políticos que por tanto tiempo han tratado a este país como una plantación y a sus ciudadanos como sus esclavos.