Que no nos esclavice el miedo

En el siglo XIV la peste bubónica arrasó Europa, causándole la muerte a entre un 25% y un 60% de su población con una letalidad de entre un 10% con tratamiento y hasta un 90% si se dejaba correr su curso, lo cual en la mayoría de los casos fue lo que sucedió por falta de las herramientas necesarias o entendimiento de la situación. Estos datos son los más recordados cuando se habla de la peste negra, la muerte y la devastación que causó. 

Pero el legado más importante para la humanidad no es la visión fantasmagórica de una Europa devastada, es el cómo con su fuerza destructora esta pandemia fertilizó el suelo para que se diera uno de los cambios sociales y políticos más importantes de los últimos 15 siglos, el desmonte del sistema feudal y el surgimiento de la clase media. 

Fue en medio de tanta destrucción que la creatividad humana debió encontrarse una vez más de frente con la necesidad de modificar las estructuras sobre las cuales la sociedad se cimentaba, desarticulando en el proceso los sistemas de servidumbre feudales que habían mantenido a Europa deprimida a nivel social y económico desde la caída del Imperio romano occidental. 

Fue así como con una mano de obra reducida, unas necesidades productivas trastornadas, y un sistema de producción en ruinas; que los artesanos y los inversionistas pudieron capitalizar sobre la oportunidad de este nuevo mundo que surgía luego de la devastación. Así se encumbraron para establecer un sistema en el cual el individuo fuese libre de emprender, de crear, de modificar las estructuras de relaciones sociopolíticas y socioeconomicas que le incumbían.

Es aquí, en las postrimerías de la peste bubónica, que se encuentran las semillas de la revolución científica, de la ilustración, de las revoluciones liberales y democráticas de los últimos 5 siglos. Es de ese momento de donde surge el espíritu indómito y creador que nos ha legado un sistema, que aunque imperfecto, cuenta con las herramientas para seguirse corrigiendo y que ha sacado a más gente de la pobreza que ningún otro, que ha empujado los niveles de bienestar más allá de lo nunca pensado, que ha abierto las puertas de la estabilidad democrática y del concierto pacífico de naciones.

Y es aquí a donde tenemos que enfocarnos. En lugar de encerrarnos en burbujas de miedo al contagio y de alejarnos los unos de los otros, este es el momento de abrir las puertas de las posibilidades de par en par. Es en este fértil pasto de la crisis mundial donde debe de surgir la creatividad que transforme mucha de esas obsoletas formas de relacionarnos a nivel económico y social. 

Nos encontramos en un punto crucial de la historia de nuestro país y del mundo. Tenemos que, necesitamos, reinventar muchas de las estructuras de generación de riqueza y bienestar en este país. Debemos de dejar detrás las políticas de depredación y explotación que han sido la norma en lo que va de siglo, y garantizar que nuestros ciudadanos puedan expresar esa libertad creativa que se torna en generación de oportunidades de crecimiento. 

Las políticas extractivas a las cuales nos han sometido los gobiernos de principios del siglo XXI, solo han generado un estado de servidumbre y dependencia del Estado que tiene que terminar. Y qué mejor momento para que esto termine que ahora, con esta crisis que nos ha abierto las puertas de un cambio sistémico que nos libere del miedo a crear y a ser libres. 

Es por esto que no podemos permitir que nos esclavice el miedo, no podemos continuar con las relaciones de explotación extractivas, no podemos continuar engordando a un Estado cuya finalidad ha sido la de instaurar un sistema neofeudal en el cual los ciudadanos renuncian a su libertad a cambio de unas dádivas que son solo suficientes para subsistir en un estado de servilismo y dependencia del Estado. 

Es tiempo de cambiar, de abandonar la servidumbre y la dependencia del Estado, de empezar a construir esa República Dominicana libre e independiente de toda explotación traicionera. Es hora de empezar a construir ese futuro que siempre hemos merecido, pero que por 16 años nos han prohibido. Pero para empezar a cambiar, lo primero que tenemos que hacer es luchar para que no nos esclavice el miedo. 

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